40,000 maestros abandonan las aulas en 10 años de gobierno de Raúl Castro

El uniforme rojo y blanco está lavado y planchado desde hace dos días; a su lado una pañoleta azul. Eddy Alberto tiene 8 años y comienza el segundo grado en la escuela primaria Héroes de Yaguajay, en la provincia de Sancti Spíritus. Cuando crezca quiere ser maestro y lleva una semana preguntando a su madre cuándo comienza la escuela.

“El lunes empieza la tragedia nuevamente”, dice por teléfono Yanelis, la madre de Eddy Alberto. “El año pasado estuvieron tres meses sin maestra y según me dijo una auxiliar pedagógica, este año tampoco tienen a nadie fijo. Le van a encargar a la bibliotecaria que les dé clases”, agrega con molestia.

El 4 de septiembre más de 1.7 millones de alumnos comenzarán el nuevo curso escolar en Cuba. Abrirán 10,698 instituciones educativas, pero algunos problemas, como la cobertura docente, siguen arrastrándose de año en año.

Según los datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), en el curso 2016-2017 hubo 248,438 maestros en las aulas, unos 21,600 menos que en el 2008, cuando Raúl Castro tomó la presidencia del país. Sin embargo, estas estadísticas fueron manipuladas porque el informe anterior de la ONEI dejaba ver una pérdida de más de 40,000 maestros en la última década.

El país necesita 16,000 maestros más para cubrir el déficit en todas las áreas educativas. Además, entre 10,000 y 13,000 docentes están en plantilla pero fuera de las aulas por problemas personales o por maternidad, reconoció recientemente la ministra de educación, Ena Elsa Velázquez, en una entrevista con la revista Bohemia.

Para paliar el éxodo de docentes, la ministra propone varias opciones: la contratación de profesores, la reincorporación de jubilados y usar alumnos de la enseñanza universitaria como maestros en otros niveles. Velázquez también apuntó que su ministerio ha creado “un sistema de estimulación moral” para los docentes. Algunas provincias, como Guantánamo y Santiago de Cuba, enviarán maestros a otras donde la necesidad es apremiante, como Matanzas y La Habana.

Desde que asumió el poder, primero interinamente (2006) y luego como presidente electo por la Asamblea Nacional (2008),Castro redujo sustancialmente el presupuesto del Ministerio de Educación. Según cálculos del economista Carmelo Mesa-Lago, los gastos en educación cayeron en 4 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto, de 14.1 por ciento en el 2008 a 10.2 por ciento en el 2015. Durante este período también se cerraron 1,803 escuelas, según cifras oficiales.

“El problema es que nadie quiere ser maestro porque pagan muy poco y explotan mucho”, dice Yanelys.

El año pasado el Ministerio de Educación promulgó un aumento de sueldo de unos 200 pesos para los maestros que tuvieran más carga docente. Aún así, el salario medio de un profesional de la educación ronda los 533 pesos, un poco más de 20 dólares al mes.

La reducción de los recursos impactó directamente en la calidad del sistema educativo. Según la ministra, más del 20 por ciento de las instalaciones escolares están en condiciones entre regulares y malas.

La falta de estímulo para estudiar magisterio ha sido reconocida por las mismas autoridades, que vieron con estupor que sólo 58 estudiantes de preuniversitario optaron por tres carreras pedagógicas universitarias de más de una veintena que se ofrecían en la provincia de Cienfuegos.

“La cobertura y la calidad que se le imprimió durante mucho tiempo, al igual que la accesibilidad al sistema educativo, hicieron de Cuba uno de los países más reconocidos en Latinoamérica, explica desde México el académico cubano Armando Chaguaceda.

Sin embargo, cree que se han perdido muchos profesionales “porque no hay una adecuada atención al docente”.

“Gastaron mucho más dinero en la formación de los programas de maestros emergentes que en reconocer justamente el valor del trabajo de miles de abnegados maestros”, explica.

A comienzos del siglo XXI el entonces presidente Fidel Castro creó las Escuelas Formadoras de Maestros Emergentes y Maestros Integrales, que en apenas unos meses preparaban a maestros de primaria y secundaria básica para compensar el éxodo de profesionales. Después de casi una década y miles de graduados, el déficit se mantiene.

El director del Centro de Estudios Convivencia, Dagoberto Valdés, reconoce que el país está frente a un importante reto: “La urbanidad y la educación ética y cívica de los muchachos que salen de las escuelas dan pena. Es algo que marca la cultura de nuestro pueblo”, dice.

Convivencia, un grupo de estudios de la provincia de Pinar del Río, elaboró el semestre pasado, como parte de su hoja de ruta para el futuro de Cuba, un informe con propuestas concretas para mejorar la educación.

“Existe un serio problema demográfico en el país que ya se está reflejando en la cantidad de personas que estudian. Cada vez son menos las personas que entran en el sistema educacional y que se gradúan”, se lamenta Valdés.

El número de graduados de carreras universitarias también ha caído vertiginosamente, tanto como la matrícula, que ha bajado en más del 78 por ciento en la última década.

“Creemos que se necesita un verdadero proyecto educativo que integre tanto a la escuela como a la familia y la sociedad civil, sin tintes ideológicos, sino cimentados en la herencia cultural de la nación, desde Varela a Martí”, sueña.

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ESTE ARTÍCULO ES PARTE DE UN CONVENIO ENTRE EL DIARIO CUBANO 14YMEDIO Y EL NUEVO HERALD.

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