A 17 años de la Primavera Negra, otra ola represiva comienza

Primavera Negra en Cuba. 75 opositores fueron detenidos y encarcelados. Foto Internet

LA HABANA, Cuba. – En la tarde del 18  de marzo de 2003, la dictadura castrista desencadenó la  ola represiva conocida como la Primavera Negra.

Durante más de 48 horas, un enjambre de agentes de la Seguridad del Estado se dedicó a allanar y registrar las casas de opositores y periodistas independientes. 75 de ellos fueron encarcelados, juzgados sumarísimamente y condenados a largas penas de prisión.

En menos de una semana, fueron juzgados, también sumarísimamente, y enviados al paredón de fusilamiento, tres jóvenes que habían intentado secuestrar, para irse del país, la lancha que atraviesa la bahía habanera. Fidel Castro no tuvo reparos en declarar en la TV que fueron fusilados para dar un escarmiento y acabar con los secuestros de aviones y embarcaciones.

El régimen estaba alarmado por el auge cobrado por la oposición, cuyos principales movimientos se habían agrupado en la concertación Todos Unidos y apoyaban el Proyecto Varela. Luego que más de 11 000 personas firmaron el Proyecto Varela y Oswaldo Payá lo presentó a la Asamblea Nacional, la respuesta gubernamental fue una aberrante reforma constitucional que declaraba irrevocable el socialismo.

También el periodismo independiente cobraba auge. La primera publicación independiente del control estatal, la revista De Cuba, que dirigían Ricardo González y Raúl Rivero, había aparecido en diciembre de 2002 y ya iba por su segundo número.

Fue precisamente la sede de dicha revista, la casa de Ricardo González, uno de los primeros sitios allanados por los represores.

El inicio de la guerra de Irak, que acaparaba la atención mundial, hizo suponer al régimen castrista que era el momento idóneo para desembarazarse de los activistas prdemocracia y los periodistas independientes sin que la opinión pública internacional reparara demasiado en ello.

Pero la ola represiva reportó al régimen muchos más daños que beneficios, al mostrar al mundo, de modo irrefutable, su fea arista dictatorial. A partir de entonces, el castrismo tuvo en su contra a una buena parte de la izquierda y la intelectualidad mundial que hasta entonces le había sido favorable.

El régimen, que con aquel espasmo represivo no logró acabar con la oposición ni con el periodismo independiente, tuvo que lidiar además con el hasta entonces insólito desafío de mujeres vestidas de blanco que salieron a las calles a marchar por la libertad de los presos.

Diecisiete años después, pese a que ya no está Fidel Castro, hay un “presidente” civil y una nueva constitución (en la que sigue el socialismo irrevocable), parece avecinarse una nueva ola represiva.

Si en el año 2003 los periodistas independientes estaban entre los principales objetivos de los represores (20 de los 75 presos eran periodistas), ahora vuelven a serlo.

El periodista y abogado guantanamero Roberto Quiñones lleva más de cinco meses en prisión. Fue condenado a un año de cárcel en un juicio sin garantías y que fue descaradamente amañado por la Seguridad del Estado. Lo acusaron de resistirse con violencia a ser arrestado por la policía cuando intentaba cubrir el juicio a un matrimonio de religiosos. Los agentes lo golpearon y luego dijeron que las lesiones que presentaba el periodista fueron “autoinfligidas”.

Constantemente los periodistas independientes son arrestados, les decomisan sus equipos de trabajo y los amenazan para “que se quiten o se vayan”, como le dijeron recientemente a la joven comunicadora Camila Acosta.

Para silenciarlos o forzarlos al exilio, también han sido hostigados, en los últimos meses, Luz Escobar, Ana León, Jorge Olivera, Augusto César San Martín, Rudy Cabrera y Boris González, entre otros.

Ante el creciente temor del régimen a un estallido popular por el deterioro de la situación económica, todo indica que aumentará la represión contra los comunicadores que con sus informaciones contradicen la ridículamente triunfalista visión oficial.

La represión volverá a resultarles contraproducente. Los mandarines del desastre se baten contra las ansias vitales de un pueblo que dejó de creer en ellos, los detesta y está empezando a perder el miedo.

luicino2012@gmail.com

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