Agresiones diabólicas

Una patrulla de la Policía Orteguista detuvo en la noche del miércoles pasado al sacerdote católico de Masaya, padre Edwin Román, y según su declaración fue agredido verbal y físicamente.

La explicación o justificación de la autoridad policial fue que el sacerdote andaba tomado de licor, pero la manipulación de información y fotos que se hizo en las redes sociales orteguistas descalifica la versión de la Policía, cuya credibilidad es nula por su siniestra actuación de los últimos meses.

Por su parte la Oficina de Prensa de la Arquidiócesis de Managua se pronunció sobre el caso en una nota de prensa y con prudencia la calificó como “incidente”. Sin embargo señala que “esta situación pone en evidencia la falta de un ambiente de paz y se suma a otros actos que no contribuyen a un camino de concordia social. Ante esta y otras expresiones de intolerancia —dice la nota de la Iglesia católica— urge retomar el respeto a los derechos de la persona humana en nuestra patria”

Esta no es la primera vez que la Policía Orteguista agrede al padre Román, el valiente sacerdote que arriesgó su vida para ayudar a las víctimas de la sangrienta represión gubernamental del año pasado en Masaya. También en las redes sociales, los operadores políticos de la dictadura lo difaman sistemáticamente, igual que a otros sacerdotes y obispos a los que señalan como golpistas, porque pidieron a Daniel Ortega que adelantara las elecciones nacionales para resolver de manera democrática —y no por medios letales— la grave crisis nacional.

Ahora bien, la agresión contra un sacerdote u obispo significa un agravio contra toda la Iglesia católica, que viene siendo atacada por la dictadura desde el 19 de julio del año pasado, cuando en la conmemoración del 39 aniversario de la revolución sandinista Daniel Ortega criminalizó a los obispos y sacerdotes, acusándolos de golpistas y terroristas.

Para los católicos estas agresiones contra la Iglesia tienen una inspiración diabólica. De acuerdo con la creencia católica, para hacer el mal las fuerzas demoníacas no se presentan abiertamente, tal como son. Se disfrazan de diversas formas, incluso como potestades políticas, en algunos casos hablan con lenguaje religioso y hasta se visten como sacerdotes, para causar daño a la Iglesia desde adentro.

Esta convicción de los creyentes católicos se funda en textos del Nuevo Testamento que los exhortan a mantenerse alerta frente a un enemigo que “ronda como león rugiente buscando a quién devorar”. Hay que “revestirse de las armas de Dios para poder resistir las acechanzas del diablo”, dice la doctrina, ya que se lucha contra “los dominadores del mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas”.

La defensa de la Iglesia y la fe es la oración. Por eso la Arquidiócesis de Managua pide “a todos los fieles continuar orando por nuestros sacerdotes y por la paz en nuestro país”.

La oración es el arma poderosa de la Iglesia y de todos y cada uno de los creyentes católicos.

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