Al castrismo se le mueve el piso

Los expresidentes brasileños Dilma Rousseff y Luis Inacio Lula da Silva, Raúl Castro y el gobernante venezolano, Nicolás Maduro, durante los funerales de Fidel Castro. (GETTY)

Cuando faltan unos días para que Raúl Castro entregue la presidencia del país a un obediente administrador émulo de Osvaldo Dorticós, que todo indica será el ingeniero Miguel Díaz-Canel, al castrismo se le está moviendo el piso.

Encima de que el Estado cubano está quebrado financieramente, algo que el propio régimen agravó al dinamitar el “deshielo” con EEUU que le proporcionaba más turistas desde el norte, ahora otros factores revelan que se está produciendo el mayor retroceso político de la dictadura castrista en muchas décadas.

Lula da Silva está en la cárcel. La fiscal de Venezuela en el exilio, Luisa Ortega, reconocida por la comunidad internacional, ha pedido el arresto de Nicolás Maduro, igualmente por corrupto, en un juicio efectuado por los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela en el exilio, también reconocidos internacionalmente.

Si bien Lula está preso y Maduro sigue robando y traficando drogas junto con la “primera combatiente” Cilia Flores, ya no tiene dinero estatal para ser dadivoso con su jefe Raúl Castro. El y su pandilla delincuencial chavista son apestados políticos a nivel mundial y buscados por la justicia internacional.

Lula, Maduro, y antes también Hugo Chávez, regalaron a la dictadura cubana más de 100.000 millones de dólares desde inicios del siglo, para un promedio de unos 5.550 millones de dólares anuales, cifra superior a los 3.700 millones como promedio anual enviados por la Unión Soviética entre 1960 y 1991.

El Foro de Sao Paulo languidece

Fidel Castro y Lula juntos crearon en 1990 el Foro de Sao Paulo, una especie de internacional comunista a lo Gramsci (por la vía electoral), no a lo Marx con una sublevación sangrienta. El objetivo era “cubanizar” a Latinoamérica y lograr por otras vías lo que no obtuvo el proyecto castroguevarista de los años 60.

Muy elocuente fue la frase de Lula el 7 de abril antes de entregarse a la policía para ser llevado a prisión: “La muerte de un combatiente no para la revolución”. O sea, el exsindicalista habla de revolución, no de democracia.

La estrategia foropaulista fue abrazar el populismo demagógico para ganar elecciones y hacer la “revolución ciudadana”, como la llamaba Rafael Correa, o el Socialismo del Siglo XXI, según Chávez.

Los aires populistas llegaron a Latinoamérica en el siglo XIX, pero hicieron eclosión luego de la crisis de 1929, cuando en Europa se instalaron regímenes fascistas en Italia, Alemania, España y Portugal. Se entronizó con fuerza precisamente en Brasil en 1930, con el Estado Novo de Getulio Vargas, inspirado en el fascismo de Mussolini y de Oliveira Salazar en Portugal, e ideas socializantes.

El regreso al populismo del siglo XX en el siglo XXI funcionó. Si se busca el Foro de Sao Paulo en Wikipedia se observa cómo casi toda América Latina en 2011 aparece en color rojo. Un total de 13 naciones estaban gobernadas por integrantes del Foro de Sao Paulo: Argentina, Brasil, Paraguay, Venezuela, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Nicaragua, Honduras, El Salvador, República Dominicana y Cuba.

Los Castro estaban felices. Además de los miles de millones que recibían de Caracas y Brasilia, gozaban de un respaldo fanático de Latinoamérica en los foros internacionales. Eso compensaba el fracaso décadas atrás de la lucha armada para la “liberación nacional” creando “dos, tres muchos Vietnam”.

De los 13 gobiernos izquierdistas de 2011 hoy quedan cinco y pobres: Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Cuba y Venezuela. Su fundador vivo, Lula, está preso por ladrón.

Para Lula, Orlando Zapata era un bandido

Y aquí es necesario recordar que Lula calificó de bandido al héroe cubano Orlando Zapata. El 9 de marzo de 2010, días después de la muerte de Zapata por hambre en su prisión política, y mientras Guillermo Fariñas se deterioraba en otra huelga de hambre el presidente brasileño defendió la atroz decisión de dejar morir a Zapata, y en entrevista con Associated Press remató: “Yo pienso que la huelga de hambre no puede ser usada como un pretexto de los derechos humanos para liberar a las personas. Imagínense qué sucedería si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo entraran en huelga de hambre y pidieran su libertad”.

El mismo día en que Zapata fallecía, el 23 de febrero de 2010, Lula, Fidel y Raúl Castro se divertían y posaban muertos de risa para el fotógrafo del comandante al lado de la bella piscina de su residencia, en Punto Cero.

Lo indignante es que era Lula el delincuente. ¿Se acordará de lo que dijo de Zapata? La prisión del expresidente brasileño lleva un mensaje preocupante para La Habana y Caracas. En Latinoamérica llegó la hora en que se tolerará cada vez menos la impunidad de los gobernantes para robar al tesoro público y vivir la dolce vita a costa de sus pueblos.

Presidentes, expresidentes, ministros y encumbrados personajes políticos son enviados a prisión o están sometidos a investigación. Según analistas brasileños, en la construcción del puerto del Mariel los Castro recibieron una tajada de entre 250 y 300 millones de dólares, gracias a Lula.

Es de esperar que en cualquier momento, por gravedad, llegue también el castigo a los violadores masivos de los derechos humanos. Y en eso La Habana y Caracas son los líderes absolutos.

Otros golpes preocupantes

A pocos días de la Cumbre de las Américas se sabe que el castrismo pretende armar un gran show en Lima, como el que armó en Panamá en 2015, pero esta vez hay fuerzas democráticas dispuestas a darles una tribuna a los exiliados y los opositores que logren llegar a la capital peruana. La voz del pueblo cubano se escuchará en Perú.

La nota disonante es que la cumbre rechaza a Maduro, pero no a Castro, su maestro y guía. Es poco probable que el general vaya a Lima. Se sentiría muy solo y él no tiene ni audacia, ni capacidad, ni energías, para enfrentar un careo con la prensa o con algún mandatario de derecha. Puede que el dictador envíe a Díaz-Canel, que días después será presidente. Claro, elegido a dedo y no en las urnas.

Por otra parte, para sorpresa del régimen castrista, acostumbrado a tratar a los africanos con prepotencia colonialista, el Gobierno de Zambia pidió a La Habana que retire a su embajador por intervenir en los asuntos internos del país, al arengar en público al Partido Socialista como si estuviera dando instrucciones a militantes del PCC. Es la primera vez que una nación africana expulsa a un embajador castrista.

En otro país africano, Kenia, la organización de médicos y dentistas denunció que el Gobierno de Nairobi en vez de pagar en divisas a médicos cubanos lo que tiene que hacer es darle empleo a los 1.000 médicos kenianos que no tienen trabajo.

También hay indicios de que la política de Washington hacia Cuba, lejos de aflojar, se va a ir endureciendo. Por si había alguna expectativa al respecto, ya Donald Trump dijo que no se va a encontrar con el dictador cubano en Lima. Los tiempos de Obama se fueron para no volver.

Finalmente, Moscú y Pekín son formidable aliados políticos, pero no regalan dinero. No están dispuestos a subsidiar una economía estatista anclada en el estalinismo de los años 30. Tampoco querrán buscarse graves problemas políticos con Washington a causa de Cuba.

En resumen, Raúl Castro y su Junta Militar solo reciben malas noticias últimamente.Todo está cambiado menos ellos mismos, legítimos dinosaurios del tercer milenio. Puede que a Castro no le importe mucho, mientras no lo toquen a él y su familia, pero sí importa a quienes en la cúpula de poder perciben que le ha empezado a entrar agua al bote.

Leer en Diario de Cuba

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