Almagro y el camino electoral

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, dijo en una declaración al diario chileno El Mercurio publicada el 19 de agosto corriente, que Nicaragua, para salir de la honda crisis en que se encuentra, “más que diálogo necesita elecciones”.

No obstante Almagró aseguró que la OEA apoya el Diálogo y que seguirá insistiendo en volver a este “por todos los medios posibles”. El Consejo Permanente y la Secretaría General de la OEA, señaló Almagro, ofrecen “los canales para apoyar ese diálogo y la salida urgente, democrática y pacífica” de la crisis. Y agregó que “los actores políticos de la sociedad nicaragüense tienen que dialogar y acordar de buena fe una solución democrática, que pasa por escuchar la expresión popular y acordar un calendario electoral, además del cese de la violencia, la represión, el desmantelamiento de los grupos armados irregulares y la puesta en práctica de las recomendaciones del sistema interamericano de derechos humanos”.

Ciertamente, el Consejo Permanente de la OEA acordó en una Resolución aprobada por 21 países el 18 de julio pasado, “urgir al Gobierno de Nicaragua y a todas las partes a que participen activamente y de buena fe en el Diálogo Nacional, como un mecanismo para generar soluciones pacíficas y sostenibles a la situación que se registra en Nicaragua y el fortalecimiento de la democracia en ese país”. Y el 2 de agosto el mismo Consejo creó un Grupo de Trabajo integrado por 12 países, con el mandato expreso de apoyar el Diálogo Nacional y contribuir a la búsqueda de soluciones pacíficas para la crisis que sufre el país.

En este contexto, a nuestro juicio la declaración de Almagro de que en Nicaragua más que diálogo lo que se necesita es elecciones, significa que para él lo principal es que haya elecciones libres y limpias para resolver la crisis nicaragüense, mientras que el medio para alcanzar ese propósito es secundario.

La verdad es que lo mejor sería que la anticipación de las elecciones —previas reformas institucionales que garanticen su calidad democrática conforme los estándares internacionales—, sea el resultado de un acuerdo político entre el Gobierno y la Alianza Cívica en el Diálogo Nacional, del que la Conferencia Episcopal es mediadora y testigo.

Sin embargo lo esencial es que haya tales elecciones anticipadas y que sean transparentes y competitivas, vigiladas por observadores nacionales e internacionales, para que Nicaragua pueda reinstitucionalizarse y redemocratizarse como dice el secretario general de la OEA. Y la anticipación de las elecciones podría ser acordada en el Diálogo Nacional o directamente por la OEA con Daniel Ortega.

Lo inadmisible sería que el Diálogo Nacional sea sustituido con una componenda de Ortega con los partidos enchufados en el sistema político orteguista. Esto no sería un diálogo auténtico, sino una farsa para la repartición de más prebendas a viejos y nuevos zancudos; y para que Ortega siga detentando el poder con la misma máscara de una seudodemocracia.

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