‘Antes que anochezca’ el horror sublimado por la música

Si algo tiene la ópera es la capacidad de permitirnos soportar cosas terribles como la guerra, la injusticia, la enfermedad, la muerte de los inocentes y todas las tristezas de la vida gracias a la música. Before Night Falls (Antes que anochezca), la ópera de Jorge Martin basada en la obra homónima de Reinaldo Arenas tiene esa cualidad de sublimar el horror, la injusticia y las tristezas padecidas por un héroe de la libertad y los derechos humanos gracias a una música hermosísima que fue brillantemente interpretada por los cantantes y la orquesta en el estreno de la Florida Grand Opera el sábado 18 en el Arsht Center.

Bajo la dirección de Christopher Allen, la partitura de Martin llegó posiblemente a sus máximos; con voces como las de Elliot Madore, Dinya Vania, Calvin Griffin y Elizabeth Caballero, las líneas vocales de la obra alcanzaron tal vez su punto más alto de belleza. Los coros, bajo la dirección de Katherine Kozak, aportaron no poco al éxito de la producción con fuerza y precisión extraordinarias, sobre todo, en las escenas de caricaturesca épica.

Madore, en el rol de Reinaldo, lució su hermosa y poderosa voz, pero no siempre estuvo convincente ni conmovedor, aunque en alguna ocasión lograra sacar lágrimas en el público. Es que el personaje no es fácil y en realidad la puesta, original de la Fort Worth Opera (FWO), dirigida por David Gately, no destaca los matices eróticos del personaje. Esta concepción sigue adoleciendo de “corrección política”. Es una versión light del personaje, que se destacó por su agresiva homosexualidad y su combatividad literaria. La puesta presenta al personaje demasiado sobrio y contenido, muchos de los que lo conocimos y leímos, no podemos identificar al Reinaldo de la escena con el del libro o la vida, aunque en la versión de Texas se lograba algo mágico, quizá por mayor parecido físico.

Brillante el Víctor de Griffin que, en mi opinión, se robó el show. Fue abucheado en los saludos finales, igual que el personaje de Pepe, que encarnó perfectamente Javier Abreu, porque el público de Miami parece que no se ha enterado de que al final se aplaude al cantante, no al personaje, cosas de la aldea. Sublime Caballero como la madre y La Luna. Los roles secundarios, por contraste, resultaron más convincentes que el protagonista, quizá porque se trata de seres literarios que no se corresponden a la realidad. Ovidio, a cargo de Vania, es una mezcla de Virgilio Pinera y Heberto Padilla, Pepe es una mezcla de tantos delatores cubanos, ni siquiera Lázaro (Michael Kuhn), su compañero de los últimos años, está verazmente representado, aunque esta concepción es de la obra original, y el libreto sigue simplemente esa línea.

El aporte mágico (y feliz) de Martin a la trama son las musas de Reinaldo: El Mar (Melissa Fajardo) y La Luna, que cumplen una bella función dramática y que vestidas a la usanza de los 1950 le dan un sabor a la Cuba de “antes” a estas diosas criollas que inspiran y guían al héroe como en un antiguo poema.

Sabemos que todavía es difícil tratar el tema gay ante un público conservador, y quizá por eso faltó algo de sensualidad a la puesta. El baile de los homosexuales en la playa resultó un poco ridículo, mariquitas playeras en lugar de homosexuales al borde de un acto sexual.

Tampoco es fácil denostar a la tiranía castrista, cuya propaganda aún hace creer a millones que se trata de una revolución popular y maravillosa. Quizá por eso la escena de los fusilamientos, que recuerdo tan tremenda en la versión de FWO, aquí me resultó algo “pasteurizada”. La memoria puede traicionarme, pero recuerdo que en esa escena toda la fila en que yo estaba se echó a llorar, en la función del sábado, no sentí ni siquiera un suspiro en todo el mezzanine. En cambio, me cuentan que en la del domingo alguien trató de lanzar consignas cuando apareció la efigie del asesino Guevara, pero no fue secundado por nadie, posiblemente era un infiltrado solitario.

No soy un crítico imparcial –nadie lo es–, y en este caso influye en mi opinión no solo el recuerdo de la puesta que vi en Texas, sino el haber conocido y leído extensamente al personaje principal y haber padecido en carne propia los horrores que se reflejan en Before Night Falls. Desde mi irredenta parcialidad considero que es una obra grandiosa que permitirá que muchos se enteren de la tragedia de Cuba y de Reinaldo Arenas, incluso cuando ya no exista el régimen que ha dado lugar a tanto horror.

Esta es una obra que tiene momentos de profunda emoción, especialmente el dúo “Oh unhappy island…“, donde se luce Martin para retrabajar el paisaje melódico cubano. También es muy memorable la caricatura al marcialismo comunista en los coros de la victoria. Son numerosas las bellezas musicales de esta ópera que está hecha para ser escuchada muchas veces. Sin contar la fuerza y vigencia de su trama.

Todos los cubanos tienen la obligación de verla, pero esta es una obra para todos, porque si para algo sirve el arte es para advertir a las generaciones sobre los males que pueden sobrevenir cuando se baja la guardia ante el despotismo y la mentira. No se la pierda.

‘Antes que anochezca’, de Jorge Martin por la Florida Grand Opera en el Ziff Ballet & Opera House del Arsht Center, 21, 24 y 25 de marzo. Entradas: 800 741 1010, 305-949-672, y www.fgo.org. Para The Light Box: 305-576-4350.
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