Comienza la Feria de la Juventud, una tradición familiar en Miami

Era un acontecimiento imperdible, una aventura llena de atracciones para descubrir. El pequeño Julio Pou recién había llegado de Cuba y con miras a entretenerlo en época de austeridad, sus padres lo llevaban a la Feria de la Juventud de Miami, donde cabalgaba sobre caballos de madera que giraban horizontalmente, y acariciaba animales de verdad.

Pou regresó el domingo a la feria, esta vez junto con su hijo y sus nietos Matthew y Jaden. Las tres generaciones compartieron un ritual anual de encuentro familiar; de exaltación de los sentidos; de armonía e integración; de regeneración de la vida social y comunitaria.

“Desde muchacho he venido, traje a mis hijos y mis nietos para enseñarles sobre los animalitos”, dijo Pou, de 58 años, mientras sus descendientes alimentaban a los cabritos en uno de los establos de la exhibición. “Esto es muy divertido, la comida es muy sabrosa y hay tanto para escoger”.

Columpios de toda clase para elevarse por los aires, montañas rusas, carretillas suspendidas de ejes dando vueltas de arriba abajo, carritos chocones, helicópteros voladores y gigantescos toboganes multicolores formaban una amalgama de aparatos de diversión. La adrenalina fue abundante, al igual que los variados espectáculos y la sustanciosa comida y bebida. Fue una tarde idílica e irisada.

La directora de Mercadotecnia del Miami-Dade County Fair & Exposition, Claudia Hernández-Maltes, es una inmigrante nicaragüense. Ella también asistía a la feria con sus padres cuando era niña, y en la adolescencia disfrutaba de los conciertos del grupo Menudo en el lugar. “Son memorias que esto va creando”, señaló. “Las familias vienen y recuerdan su pasado”.

En su 66ta edición, la Feria, ubicada en 10901 SW 24 St., permanecerá abierta hasta el 16 de abril, con excepción de los lunes y martes. Entre los nuevos aparatos se destacan Charlie Chopper, Bulletrain Roller Coaster, Vertigo y Rock & Cars Bumper Cars.

Pero, más que pura algarabía, este emblemático evento de Miami se centra en la educación. Como parte de este componente, unos 600 alumnos de las Escuelas Públicas de Miami-Dade exhiben sus propias creaciones elaboradas en distintas asignaturas. Son proyectos de clase que les permiten experimentar y trabajar con los demás.

Christian González, hijo de colombianos que cursa el octavo grado en la escuela Bowman Ashe/Doolin K-8 Academy, diseñó y construyó un carrito miniatura de madera Dragsters CO2 en el curso de Educación Tecnológica. Fue un proceso muy laborioso durante más de un mes y clasificó entre los finalistas para competir el domingo en la feria.

“Es muy emocionante ver a mi carrito competir aquí”, dijo el joven de 13 años. “Es una gran experiencia y me siento feliz”.

Felicidad, a grandes rasgos, fue el patrimonio común que enlazó a todos los feriantes en una jornada sin parangón.
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