Cuba Decide, una válida opción para democratizar a Cuba

MIAMI, Estados Unidos.- En los últimos días, con motivo de una encuesta realizada en Cuba por la coalición Compromiso Democrático y la interpretación hecha de esta por una promotora de Cuba Decide en las redes, ha vuelto a resurgir la polémica sobre la efectividad de esa iniciativa ciudadana para provocar un cambio democrático en la Isla.

Pese a que este escrito no es una respuesta personalizada, voy a incluir y rebatir, desde el respeto que me caracteriza, las opiniones de algunos hermanos que aprecio mucho. Debo decir que, de esta iniciativa, de la que también soy promotor, forman parte un número significativo de personas y organizaciones que quedan cuestionadas cuando se pone en duda la iniciativa.

Al iniciar este análisis voy a presumir que a todos los implicados en la polémica, de un patriotismo incuestionable, solo los mueve expresar sus argumentos el deseo de lograr su propósito visible común, la libertad y la democracia de Cuba, y no malsanos sentimientos personales hacia los principales responsables de Cuba Decide.

Uno de los cuestionamientos consiste en que un plebiscito puede ser usado por el régimen para legitimarse. Al respecto opino que, con el nivel de información que cada día alcanza nuestro pueblo gracias al avance de internet y con la exposición sistemática de las violaciones a que son sometidos los ciudadanos por parte del Estado, ya nada puede legitimar a este régimen.

Por otro lado, esa errónea lógica de la legitimidad puede ser aplicada a todas las iniciativas que existen en la oposición cubana. Bajo esta, por ejemplo, recibir fondos del gobierno de los Estados Unidos a través de organizaciones no gubernamentales es legitimar al régimen, porque le ayuda a calzar su discurso de que la oposición es fabricada desde el exterior, algo que yo no creo. Yo defiendo la solidaridad entre los demócratas del mundo y abogo porque sea cada vez mayor.

Otro ejemplo es el hecho de que varios grupos opositores lleven muchos años luchando con los mismos métodos y estrategias y no consigan que el pueblo se les sume, de lo que se podría asumir que podrían estar calzando el gastado discurso que el régimen repite: estos grupos y sus propuestas no tienen asidero en un pueblo revolucionario.

Cuba DecideFoto del autor

Sin embargo, la respuesta lógica es que el método es correcto, pero la represión sistemática no permite que estas estructuras sumen a mayor cantidad de ciudadanos. Cosa que yo también creo, pero entonces por qué no pensar así también con respecto al plebiscito como herramienta.

Un hecho interesante fue la “consulta popular” para aprobar la Constitución comunista. Todo el mundo comprendió que la dictadura manipuló el proceso y, en caso de que haya ganado, lo hizo aplicando el terror. Quedó demostrado gracias a las denuncias de represión realizadas por cientos de opositores: los que votamos por el No y los que no fueron a votar.

Al final, los gobiernos autoritarios aliados al castrismo fueron los únicos en reconocer esos resultados, y el régimen, gracias a la presión, reconoció que el pueblo cubano no es un bloque ideológico. Según sus propias cifras 2.5 millones de personas rechazaron su propuesta, algo inédito. Al valorar ese proceso se puede concluir que fue más provechoso en términos de legitimidad para la oposición que para la dictadura, al menos ese fue el sabor que dejó a la comunidad internacional.

Pero el plebiscito que propone Cuba Decide dista mucho de ese fraude. Se trata de movilizar a toda la ciudadanía, y de presionar al régimen a aceptar una observación nacional e internacional que permita la exposición pareja en los medios oficiales de las dos propuestas, que se respete la fiscalización del escrutinio por ambas partes, desde las mesas electorales hasta todos los niveles, la conformación de un Comité Electoral políticamente heterogéneo, entre otras condiciones indispensables.

Entre las cosas que han legitimado al régimen para muchos está el surgimiento de grupos de la sociedad civil independiente no violentos. Estos han estado sujetos a fuertes y destructivas críticas de los que creen que el método correcto es el uso de las armas contra el Estado tiránico, y han tildado de cobardes y cómplices a los disidentes pacíficos.

Otro cuestionamiento a Cuba Decide dice que se debe tomar en cuenta la experiencia histórica, y menciona una treintena de países que abandonaron el llamado “socialismo real”, y tienen como punto común que ninguno lo hizo mediante un plebiscito, y se interpela a Rosa María Payá para que explique por qué cree que Cuba será una excepción.

¡Vaya sofisma! Con estos mismos argumentos podemos decir que mientras la gran mayoría de sus semejantes abandonaron ese modelo, el régimen cubano, que se ha mantenido con este sistema por seis décadas, bien podría cambiar de una manera en que los demás no lo hicieron. Creo que es una válida explicación de excepcionalidad.

El siguiente cuestionamiento se basa en una “petición de principios”, término definido por la enciclopedia como una falacia, donde la conclusión ya es admitida como premisa. Definición acuñada por Aristóteles. Pero si bien es cierto que las conclusiones deben seguir el orden lógico de las premisas, también lo es que existe desacuerdo acerca de por qué algunos argumentos válidos se consideran peticiones de principios y otros no.

Usualmente ocurre cuando las conclusiones no son demasiado obvias con respecto a las premisas. En estos casos, suele suceder que la mayoría de las personas, a falta de voluntad o capacidad para realizar un análisis profundo, deciden no considerarla como una petición de principios.

Cuba Decide es una iniciativa ciudadana que tiene como objetivo cambiar el sistema dictatorial cubano por un sistema democrático a través de un plebiscito vinculante. Tiene como método la lucha no violenta y sus promotores pueden ser cubanos y extranjeros residentes en cualquier parte, que actúen presionando al régimen castrista para que realice el plebiscito con las garantías necesarias que permitan un proceso libre, transparente, democrático y se respete la voluntad popular.

Creo que no existe ninguna diferencia entre premisas y conclusiones en este razonamiento. Más aún si tomamos en cuenta que otros regímenes autoritarios en el mundo aceptaron desarrollar procesos eleccionarios que condujeron a su propia extinción, como por ejemplo el plebiscito de Chile en 1988, y las elecciones de 1976 para aprobar la Ley para la Reforma Política en España, con lo que las Cortes franquistas aprobaron su propia eliminación y luego los dirigentes del gobierno sometieron la Ley a referendo, eliminándose con ello las estructuras de la dictadura franquista.

Son tan solo dos de muchos ejemplos donde las serpientes se han mordido la cola. Todos estos casos han sido generados a través de procesos de presiones internas y externas, y en ocasiones y cierta medida por voluntad de las propias dictaduras, que han cambiado como parte de la dinámica política de los tiempos.

Sobre la voluntad de cambio de la dictadura no podemos decir nada positivo en general, solo han realizado cambios no esenciales, que sí dejan en evidencia que es de su conocimiento la voluntad de cambio del pueblo. Pero sobre las presiones internas y externas que dependen de los promotores de Cuba Decide podemos decir que venimos haciendo un trabajo extraordinario, como también lo realizan los que promueven otras iniciativas prodemocráticas.

Los luchadores por la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos de Cuba debemos profesarnos un gran respeto, y no hacer de lo que creemos que son errores de los demás el objetivo de nuestro trabajo y nuestras publicaciones. De ser así, de enfocarnos en las cosas que nos dividen, perderíamos mucho tiempo y terminaríamos haciendo un gran favor al enemigo. Con humildad y sin faltar a la libertad de expresión es mejor enfocarnos en lo que nos une, el amor por Cuba Libre.

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