Cuba: El régimen y la escurridiza inversión extranjera

El Vicepresidente Ejecutivo y Jefe para las Américas de Nestlé Laurent Freixe (izq), coloca la primera piedra de la fábrica Nescor S.A en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, Cuba, el 28 de noviembre de 2017 (Foto AFP)

LA HABANA, Cuba. – El ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba, Rodrigo Malmierca, acaparó titulares por participar en el Foro de Davos 2019, denostado por el gobierno de Cuba durante años como una concertación  de los grandes políticos y empresarios capitalistas  para expoliar las riquezas de los países.

“Cuba informará sobre la actualización modelo económico y política de atracción capital extranjero”, tuiteó el acto funcionario tras regresar del evento.

El cambio radical de posición respecto al mencionado foro evidencia la desesperada situación de la economía nacional, sin recursos para la recuperación a corto plazo y mucho menos para la elevada inversión en la formación bruta de capital fijo indispensable para el desarrollo.

En ese contexto, la antes demonizada inversión extranjera directa (IED) resulta ahora imprescindible y su importancia ha llegado a tal punto que de ser considerada “complemento del esfuerzo inversionista nacional” en los Lineamientos para la Actualización del Modelo Económico aprobados en 2011, pasó a “elemento importante para el desarrollo económico del país” en el proyecto de nueva Constitución de 2019.

Las circunstancias políticas y económicas del viraje hacia el Foro de Davos se asemejan a las que motivaron la presencia del vicepresidente Carlos Lage en 1995, que fue seguida por la aprobación de la Ley No. 77 de Inversión Extranjera.

A inicios de ochenta, Fidel Castro ya preveía los cambios en la Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS), acelerados tras la muerte de su gran aliado Leonid Brézhnev, en 1982.  El Comandante suspendió el pago de las deudas eternas en 1986,  y, en 1988, comenzó la apertura a la participación extranjera en el turismo, el níquel y el petróleo, fundamentalmente. En el discurso del 26 de julio de ese año consideró la perestroika  peligrosa y opuesta a los principios del socialismo, Durante la visita de Mijail Gorbachov a La Habana en junio de 1989 se ahondaron las divergencias, y el Comandante proclamó que, si desaparecía la URSS, la revolución cubana seguiría adelante.

En 1992 comenzó el Período Especial en Tiempos de Paz y se incluyó en la Constitución de la República el reconocimiento de los derechos de propiedad de sociedades y asociaciones con capital extranjero. En 1993 se autorizó el mercado libre campesino y la tenencia de dólares; en 1994 el Producto Interno Bruto (PIB) había caído en 35%, nunca se ha restablecido el nivel de entonces. Entonces, los cubanos comenzaron a construir embarcaciones rudimentarias para escapar a Estados Unidos, desatándose una nueva crisis de balseros. En agosto de 1994 ocurrió el disturbio conocido como “Maleconazo” y poco después Hugo Chávez, recién salido de la cárcel luego del fallido intento de golpe de estado, visitó Cuba.

El Coronel llegó a presidente en diciembre de 1998 y luego, en el 2000, se firmó el acuerdo para el suministro de 53.000 barriles de petróleo diarios a Cuba con precios preferenciales y facilidades de pago, ello, a cambio de medicamentos, equipos y, sobre todo,  de servicios médicos, convertidos en la principal fuente neta de divisas. El “subsidio” venezolano frenó la limitada apertura al sector privado, cercenando su positiva repercusión en la economía de la Isla.

Al recibió el batón súbitamente por la grave enfermedad de Fidel Castro en 2006, Raúl Castro encontró una economía asfixiada y sin posibilidades de encontrar otro mecenas cuando disminuyera o cesara el apoyo de Venezuela.

Más inconvenientes. El deceso de Hugo Chávez en marzo de 2013 complicó nuevamente al totalitarismo cubano. Ese año se dictó el Decreto-Ley No. 313 de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM) y en 2014 la Ley No 118 de Inversión Extranjera.

Ahora, el aumento de las tensiones político-económicas en Venezuela, desatadas por la nueva toma de posesión de Nicolás Maduro, anuncian una catástrofe económica igual o peor a la del conocido Período Especial.

Coinciden en ambas etapas la intensificación de la confrontación con los Estados Unidos, en 1996 con el endurecimiento del embargo comercial con la promulgación de la Ley  Helms Burton y en 2018 con las medidas de Donald Trump para frenar el deshielo iniciado por Obama.

La política proactiva implementada por el expresidente estadounidense para favorecer el envío de remesas y los viajes de los cubanoamericanos a la Isla tuvo su zenit el 17 de diciembre de 2014 con el anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países y el intercambio del contratista Alan Gross por 3 de los 5 espías prisioneros desde 1998.

Los acuerdos podrían haber sido mayores si las autoridades cubanas no los hubieran dilatado, convencidos de que Hillary Clinton ganaría las elecciones y continuaría la aproximación. Sin embargo, el presidente Trump revirtió la política de su predecesor. En ese sentido, la cancelación por solo 45 días del Título III de la Ley Helms/Burton sobre las reclamaciones de las propiedades confiscadas, y no por  seis meses como se ha realizado desde su promulgación, podría incrementar la cautela de los inversionistas, sobre todo de aquellos con propiedades en Estados Unidos.

En cuanto a la inversión extranjera directa, difícilmente el gobierno logre los 2,5 mil millones de dólares de inversiones anuales, ello, pese a la Cartera de Oportunidades de Negocios presentada en la Feria Internacional de La Habana. En agosto de 2018 se publicó el Decreto No 347 junto a otras tres resoluciones con el objetivo de agilizar los procesos de negociación y presentación de los proyectos de Inversión Extranjera en Cuba, con la eliminación del estudio de factibilidad como requisito previo y la flexibilización de los pasos para la confección del expediente que debe presentar cada inversionista.

Las elevadas instancias de aprobación, los  prolongados trámites burocráticos, la falta de entrenamiento para las negociaciones dentro del mercado internacional competitivo y los temores de los directivos a ser enjuiciados por “malas” decisiones han sido algunos de los lastres para el avance de la IED. Asimismo, los directivos de la ZED Mariel anunciaron como un gran logro el establecimiento de la “ventanilla única” para los trámites, así como la fijación de los períodos de respuestas en cada uno de los distintos organismos implicados.

No obstante, la obligatoriedad de contratar y pagar al personal a través de las agencias empleadoras del gobierno es rechazada por los inversionistas, debido a no tener control real sobre los trabajadores y la falta de eficiencia por los bajos salarios entregados.  Esto ha ocasionado que algunas empresas hayan importado personal extranjero de mayor productividad.

Aunque el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) sustituyó la Resolución No. 16 del 2014 relacionada al Régimen Laboral en la Inversión Extranjera por la Resolución 14 del 2018, no se especifica sobre la formalización del trabajo, las funciones de la entidad empleadora, las remuneraciones por el trabajo ni tampoco las relaciones entre la entidad empleadora y la empresa.

Desde la aprobación de la Ley No 118 en 2014,  los capitales recibidos no superan los 1.000 millones, el promedio anual es de 200 millones, excluyendo el crédito recibido del gobierno brasileño para la construcción de la terminal de contenedores del Mariel. Sin embargo, el ministro Malmierca asegura que en el período se ha comprometido capital por 5.500 millones de dólares y que actualmente están en fase avanzada de negociación más de 30 proyectos (energía, industrias, construcción, minería, agroalimentario y biofarmacéutico), por un monto superior a  1.500 millones de dólares.

Por lo antes mencionado, no resulta fácil que lleguen las IED, especialmente si el gobierno cubano no elimina las barreras y no abre las posibilidades de participación a los cubanos residentes en el archipiélago y en el exterior.

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