Cuba necesita otro Grito de Yara

Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro en la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (Foto: AFP)

SAN JUAN, Puerto Rico. – La dictadura hace alarde de lo que dieron en llamar “la elección” de Miguel Díaz-Canel como presidente del país en un proceso donde la monopartidista Asamblea Nacional del Poder Popular, controlada y conformada por miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC), siguió las directrices del verdadero gobernante, el tirano Raúl Castro.

En realidad, lo ocurrido la pasada semana no ha sido más que la designación de un testaferro del dictador con el propósito de garantizar la permanencia en el poder de la casta gobernante, y, con ello, sus intereses y desmedidos privilegios.

Al tiempo que ocurría el teatral espectáculo en el Parlamento, el pueblo continuaba sufriendo su larga agonía.

La escasez de productos alimenticios continúa agravándose, hambreando cada día más al pueblo, mientras la alta cúpula gobernante tiene acceso ilimitado a exquisitos alimentos, insospechados para el cubano de pie.

La falta de combustible agudiza seriamente la crisis de la transportación del pueblo, afectando su movilidad y su acceso a los suministros del diario vivir. También genera un impacto negativo en los servicios de energía eléctrica. Empero, la alta cúpula gobernante posee acceso irrestricto al combustible y a la electricidad y se pueden transportar en sus lujosos automóviles y pasear en sus yates de recreo.

La crisis de la vivienda sigue empeorando por días, afectando a millones de cubanos que ven como se les deterioran y desploman sus viviendas por falta de materiales para su mantenimiento o por la imposibilidad de hacerse de un nuevo inmueble. En cambio, los altos jerarcas del régimen viven en mal-habidas mansiones lujosas.

La falta de medicinas está afectando seriamente a la salud. Los hospitales a donde puede recurrir el cubano adolecen de la debida asepsia, equipamiento y medicinas. Sin embargo, la dictadura mantiene facilidades hospitalarias exclusivas para la alta cúpula gobernante e instalaciones equipadas con los más modernos equipos y con todo tipo de medicamentos.

En cuanto a la educación, el régimen se preocupa más del adoctrinamiento político de los estudiantes que de mejorar la calidad educativa y proveerse de maestros con mejor calificación profesional. Sabido es que existen escuelas especiales para los hijos de los altos jerarcas, donde hay materiales didácticos y facilidades que no existen en las demás escuelas.

Al pueblo se le impide su desarrollo y bienestar económico. La dictadura paga a los empleados salarios de miseria. Los cubanos, en su mayoría, carecen de la adecuada y digna remuneración que permita una vida digna y decorosa para el trabajador y su familia. Además, a los emprendedores se les restringe e impide desarrollar sus propios negocios (sean industriales, comerciales, de servicios o agrícolas) y percibir las ganancias de sus empresas. Mientras que los altos jerarcas de la cúpula y sus familiares se lucran a costa del sudor y la explotación de los trabajadores cubanos, a quienes tienen esclavizados. Más aún, los altos jerarcas del gobierno poseen millonarias cuentas de banco en paraísos fiscales alrededor del mundo y negocios e inversiones, no solo con el capital extranjero que invierte en Cuba, sino en otros países.

El pueblo cubano en general padece las constantes limitaciones a su libertad de locomoción dentro del país y hacia al exterior. Mientras, en Cuba, a muchos opositores se les “regula” la libertad de movimiento, tanto dentro de la isla como para viajar al extranjero. Sin embargo, la alta cúpula gobernante y sus familiares, viajan irrestrictos alrededor del mundo, hospedándose en lujosos hoteles y disfrutando de exquisitos placeres.

El pueblo sufre el rigor constante de la represión. Mientras la dictadura anunciaba su “elección”, a las Damas de Blanco se les golpeaba y detenía en las calles de Cuba. A José Daniel Ferrer, presidente de UNPACU, se le mantiene detenido, sin saberse con certeza el lugar. A los periodistas independientes se les persigue para silenciar sus denuncias de las atrocidades que a diario comete el régimen. A los opositores pacíficos se les hostiga, se les persigue, se les detiene y se les discrimina por ejercer pacíficamente el derecho humano de la libertad de expresión y de reunión.

El montaje teatral para designar al susodicho testaferro de la casta gobernante es una repetición más de los enmascaramientos para tapar y justificar su ilegitimidad y usurpación del poder. En síntesis, nada ha cambiado, es más de lo mismo, con y por los mismos.

Está claro que la minoritaria casta está usurpando el poder, que solo le pertenece por derecho natural al pueblo cubano. La cúpula gobernante no tiene ninguna intención de devolverlo a los ciudadanos de Cuba, lo que implica que jamás dejarán las riendas del poder por las buenas, por lo que, salvando las distancias en el tiempo y las diferentes circunstancias, para que los cubanos puedan volver a ser verdaderamente libres en Cuba hará falta un nuevo Grito de Yara.

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