Cuba: reacomodo de las relaciones internacionales

Foto Prensa Latina

LA HABANA, Cuba.- Para el gobierno cubano que aboga por la continuidad las aspiraciones de hegemonía regional se fueron a bolina. Los resultados electorales del pasado año, la caótica situación en Venezuela, y el cambio de política del presidente Donald Trump imponen la reconfiguración de sus relaciones internacionales.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), diseñada por Fidel Castro y Hugo Chávez con la aspiración de sustituir a la Organización de Estados Americanos (OEA) y socavar la influencia de Estados Unidos y Canadá en la región, está paralizada con tendencia a la desintegración. Bolivia asumió la presidencia pro tempore el 14 de enero sin poder convocar reuniones para salir del impase o realizar la conferencia cumbre. La composición de la Troika Ampliada o Cuartero, coordinadora de los trabajos de la organización entre cumbres, no propicia la recuperación, pues está integrada por El Salvador, país que ejerció la presidencia hasta que Bolivia asumiera este mes y por el período de un año; República Dominicana, su antecesor; la propia Bolivia, próxima sede, y un miembro de la Comunidad del Caribe (San Cristóbal y Nieves).

El presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, entregó la presidencia al canciller boliviano Diego Pary, durante un acto oficial realizado en el país centroamericano. Allí se estrenó la exembajadora en la ONU Anayansi Rodríguez, nombrada viceministra de relaciones exteriores después del escándalo realizado en Estados Unidos para impedir una presentación de Derechos Humanos sobre Cuba. Rodríguez acudió a la cita acompañada por Abelardo Moreno, quien ejerció el cargo hasta que ella lo ocupó y el pasó a asesor del Ministro.

Asimismo, la desintegración de la Unión de Naciones del Sur (Unasur), antecedida por la imposibilidad prolongada de concertar la sustitución de su Secretario General, cuajó en el transcurso de los cambios políticos en los diversos países. El tiro de gracia fue la salida de Ecuador, su impulsor en tiempos del argentino Nestor Kitchner y Rafael Correa. Al respecto, el presidente de Colombia, Iván Duque, anunció el 14 de enero que, con el respaldo del presidente de Chile, Sebastián Piñera, avanzan en el final de Unasur y la creación de Prosur, que más que una organización burocrática, será un organismo de coordinación suramericana, de políticas públicas, defensa de la democracia, la separación de poderes y la economía de mercado.

Por otro lado, la situación política y económica en Venezuela es la cuestión fundamental in crescendo. Las confrontaciones en la Organización de Estados Americanos (OEA) dividieron a sus miembros prácticamente en dos bloques: el Grupo de Lima y los países del Caribe, la mayoría vinculados a Caracas mediante Petrocaribe, y al gobierno cubano a través de Caricom. Solamente 4 presidentes de los países latinoamericanos acudieron a la toma de posesión de Nicolás Maduro: Miguel Díaz-Canel, Evo Morales y Daniel Ortega, y tuvieron inferior representación Uruguay y México, a pesar de que López Obrador se distanció de las posiciones del Grupo de los 15.

Raúl Castro exclamó el 26 de julio pasado que Estados Unidos, con la complicidad de algunos gobiernos, ha intentado revigorizar la OEA para arremeter contra Venezuela, y cuando un grupo de naciones impidió sus propósitos, conformaron agrupaciones oficiosas de países (Grupo de Lima), para concertar medidas coercitivas unilaterales y otras acciones intervencionistas, socavar la unidad regional, frenar la CELAC y paralizar Unasur. Por entonces se habían realizado las reuniones de la OEA para aprobar una resolución desconocedora del resultado de las elecciones presidenciales del 20 de mayo, y con ello la legitimidad de Nicolás Maduro como mandatario reelecto.

En el discurso por el aniversario 60 de la Revolución, a la vez que reiteró la disposición del gobierno cubano al consenso y la integración, basados en la unidad, en la diversidad, y los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada en la II Cumbre CELAC de La Habana en 2014, el general de ejército enfatizó el apoyo a nueva investidura de Maduro, y dijo que “la región se asemeja a una gran pradera en tiempos de sequía. Una chispa pudiera generar un incontrolable incendio que dañaría los intereses nacionales de todos”.

En 2018 el Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela se redujo un 15,0%, por quinto año consecutivo, lo que supone una contracción acumulada del 44,3% respecto a 2013. Se introdujeron modificaciones al sistema cambiario, y el tipo de cambio oficial del bolívar respecto al dólar se depreció a tasas superiores al 200% anual por quinto año consecutivo. Además, las reservas internacionales registraron una caída por cuarto año seguido, y entre diciembre de 2017 y noviembre de 2018 el retroceso fue de un 9,1%.  La producción petrolera disminuyó en los últimos cuatro años, con la contracción acumulada superior al 50% entre enero de 2013 y octubre de 2018. (Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –CEPAL–).

Al unísono con los esfuerzos por preservar el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, que más allá de la identidad política, representa la subsistencia económica, Raúl Castro decidió ampliar las relaciones con países dispuestos a pagar elevados precios por la asistencia médica, como los árabes, conceder créditos a corto y mediano plazo, entregar equipamiento y asistencia técnica, y realizar inversiones. Un caso notable ha sido la proximidad a Arabia Saudita, a cambio del silencio sobre el genocidio en Yemen desde 2015, dando la espalda a decenios de colaboración política, incluida la participación en el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL).  Todo Vale, consigna no solo aplicada a la recuperación de La Habana.

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