'Cubanos al filo del Muro de Berlín'

Decir que el castrismo ha convertido a Cuba en una nación dispersa no supone comprender el alcance de esa dispersión, sus fuentes, ni los dolores que acarrea. ¿Dónde dejó de incidir el pasado, nuestra cultura de siglos, y el presente totalitario pasó a ser el responsable directo de nuestra suerte? ¿Cuánto de castrismo murió ya y cuánto de “la Cuba de siempre” pretende encubrirse en su legado? Tales preguntas adquieren sentido frente a algo o alguien que las presenta de modo claro. Ese algo es el documental Cubanos al filo del Muro de Berlín y ese alguien son el realizador cubano, residente en Nueva York, Ricardo Bacallao, y los protagonistas de la película.

“He vivido en varios países”, comenta el realizador, “y cualquier cubano que haya vivido por un tiempo fuera de la Isla se va a reconocer en alguno de los protagonistas de Cubanos al filo del Muro de Berlín”.

La artista plástica Teresa Casanueva fue como estudiante a Berlín cuando los colores de aquella ciudad aún permanecían contenidos por el Muro y decidió permanecer luego de venirse abajo el dique de ladrillos.

Por la misma época Ricardo Moreno, fotógrafo, trabajador de restaurante y músico, llegó como técnico textil para tejerse una vida compleja que se transparenta en la angustia de sus gestos más que en la narración minuciosa de sus dificultades.

Jorge Luis Vázquez fue traductor de alemán para el Gobierno cubano en la antigua República Democrática Alemana. Fue secuestrado por la Stasi, la policía política de intramuros, y trasladado a Cuba en un vuelo comercial escoltado por oficiales del MININT y desvanecido por la falta de sueño y los somníferos. Había sido sorprendido buscando la vía de abandonar el mundo de los países hermanos, los niños que aman a Lenin y las celdas forradas en goma para evitar que los presos se suicidaran lanzándose contra las paredes.

Y Amir Valle, escritor, periodista y profesor, que la última vez que fue a subir en España al avión que debía traerlos a él y a su esposa de vuelta a Cuba descubrió “o me descubrieron que yo había perdido el derecho de volver a mi país”. Era a finales de 2005 y si sorprende la miseria de aquella orden oficial, más sorprende saber que sus hijos estaban en Cuba y que la dictadura de Fidel Castro pretendió en un primer momento dejarlos en la Isla. Sorprende también que por aquella fecha se encimaba el último año de gobierno de un comandante que se hizo viejo antes de hacerse humano, sin un bufón que como al rey Lear pudiera aconsejarlo, pues los suyos hacía mucho estaban muertos o fusilados.

El realizador Ricardo Bacallao distiende o acelera la exposición de los protagonistas.  “He vivido en varios países”, comenta, y su vivencia es el otro testimonio que subyace en las secuencias seleccionadas y en su manejo a través de 50 minutos de película.

Amir Valle se expresa con la eficiencia de alguien entrenado, es periodista y trabaja para la Deutsche Welle, que es el canal con que Alemania proyecta su cultura hacia el exterior en una variedad significativa de idiomas. Acoge a sus padres en los días que Ricardo Bacallao lo entrevista. Si para Amir y su esposa fue una alegría rescatar a sus hijos luego de una intensa movilización, sus padres solo han podido “rescatar” al suyo en esta visita efímera muchos años después.

Teresa Casanueva marca sus límites. Permaneció en el país luego de la reunificación, cuando la antigua República Federal Alemana asumió los compromisos del Este, entre ellos el financiar la continuación de su carrera como artista. La decisión no dejó de ser dramática “porque vino acompañada de argumentaciones por parte del Gobierno cubano que iban en la dirección de amenazas, de todas las consecuencias negativas que podría tener eso, por supuesto, no poder ver a mi familia por tiempo equis”. Cuando pronuncia la palabra “amenaza”, su mano derecha se desplaza sobre la izquierda, como un filo que corta una parte blanda con facilidad.

Jorge Luis Vázquez regresó a Alemania luego de cumplir una condena de prisión domiciliaria en Cuba. Hoy se cuenta entre los guías que conducen a los visitantes por los pasillos de la antigua prisión de Hohenschönhausen, donde fue recluido por la Stasi. Una prisión cuya historia habla a través de él, como por tantos otros guías que también fueron sus víctimas, pues es una práctica de ese museo emplear a víctimas de la policía política.

Ricardo Moreno describe su “recorrido alemán” en detalle, desde los refugios de los asilados hasta el nacimiento de sus hijos en los que reposan, ya sin el curso de su padre, algunos de sus rasgos y mestizaje. Sus fotos, como los golpes del obturador de la cámara, marcan los ritmos de la película así como sus transiciones.

Una nación dispersa no manifiesta su condición en un solo sentido, si el exilio hace testigo de nuestra suerte a tantos países, también por su medio el mundo nos varía. Alemania se comunica mucho más fácil con un espectador cubano cuando es narrada por nuestros compatriotas. Nos la cuentan en un lenguaje más cercano. Sus historias no dejan de ser derivas posibles de las nuestras.

No sabemos todavía cuál será el resultado de nuestra dispersión, pero Cubanos al filo del Muro de Berlín nos demuestra que nuestro ser es en ella, que la dispersión física que hace de Cuba un archipiélago semeja la de nuestra dispersión humana, conseguida bajo el filo de la amenaza y la precariedad, entre tantos otros.

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