Dictadura y legitimidad

El lunes 11 de mayo LA PRENSA publicó un artículo del exeurodiputado socialista español, Ramón Jáuregui, titulado Una salida democrática para Nicaragua. Como lo hicimos saber al pie de dicho artículo, este fue publicado originalmente por la revista Confidencial y con su autorización nosotros lo hemos reproducido.

Jáuregui encabezó una delegación multipartidista del Parlamento Europeo que en enero de 2019 vino a Nicaragua, para conocer en el terreno la situación del país y tratar de poner sus buenos oficios en la búsqueda de una solución democrática de la crisis socio-política nacional, que estalló en abril de 2018 y permanece hasta ahora sin solución.

Jáuregui ya no es diputado del Parlamento Europeo. Se retiró de la política activa al finalizar el año 2019, después de una larga carrera de servicio público durante la cual desempeñó cargos de mucha importancia, incluyendo el de ministro de la Presidencia de España durante el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero Jáuregui, como lo reconoce en su artículo, siente un gran afecto hacia Nicaragua, simpatizó con la revolución sandinista de los años ochenta pero ahora condena la deriva autoritaria de Daniel Ortega y quiere contribuir a que los nicaragüenses salgan del atolladero en que se encuentran desde hace más de dos años. Que salgan democráticamente, usando las formas de lucha institucionales, cívicas y pacíficas que son propias de la democracia.

Para eso Jáuregui ha propuesto una especie de hoja de ruta electoral, que según él podría ser pactada entre el régimen de Ortega y la oposición, con el fin de hacer reformas y cambios políticos que garanticen la realización de elecciones auténticas, libres, limpias y observadas. Este acuerdo presupondría la previa liberación de todos los presos políticos y el restablecimiento pleno de las libertades y derechos de los ciudadanos. Según Jáuregui “algunas delegaciones internacionales podrían ayudar a materializar y monitorear” este pacto, y cree que “el Vaticano, México y España (o la Unión Europea) podrían ser mediadores”.

Algunas personas han objetado que Jáuregui reconoce al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como “un gobierno legítimo”, no como la dictadura que realmente es y que como tal no puede ser legitimada. Es cierto esto, solo puede ser legítimo un gobierno que aplica imparcialmente la justicia, que promueve la equidad, que sustenta la paz con la libertad, que respeta los derechos humanos, la dignidad de la persona y el Estado de derecho con todos sus atributos, instituciones y mecanismos de funcionamiento. Pero el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo es todo lo contrario y precisamente porque no tiene legitimidad, es válida política y moralmente la demanda de que ellos deben dejar el poder y mejor si fuese de manera pacífica.

Sin embargo, ese gazapo de Jáuregui no le quita validez a su propuesta para una salida democrática de la crisis de Nicaragua. La cual en todo caso solo podría ser posible —y esto también le faltó al exeurodiputado español reconocerlo—, si la comunidad democrática internacional obliga a Ortega a aceptarla.

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