El Caribe debe ser respetado

Tal como se esperaba, la abstención fue la gran protagonista en la farsa electoral que el régimen orteguista realizó el pasado domingo 3 de marzo en las dos regiones del Caribe de Nicaragua.
Formalmente estas fueron las octavas elecciones en la Costa Caribe, desde que las regiones autónomas fueron establecidas legalmente en 1987 y en 1990 se realizaron los primeros comicios regionales, junto con los nacionales. Pero en realidad esta ha sido otra farsa electoral de las que Daniel Ortega viene realizando desde que restauró la dictadura, abolió de hecho la independencia de poderes y convirtió al Consejo Supremo Electoral (CSE) en su brazo operativo para asuntos electorales.

De manera que en la comedia electoral del 3 de marzo el FSLN prácticamente no tuvo rivales. De hecho únicamente dos partidos independientes (el regional Yatama y el CxL de presencia nacional) participaron en esa farsa política, pero solo para no ser despojados de sus personerías jurídicas.

Cabe señalar que para mayor escarnio de los ciudadanos nicaragüenses del Caribe, antes de que se realizara la farsa electoral del domingo pasado el régimen orteguista dispuso que cualquier persona podría votar solo con mostrar la cédula, sin estar registrada en el padrón electoral ni cumplir los requisitos de residencia que exige el artículo 22 del Estatuto de Autonomía .

En realidad, las poblaciones de las Regiones Autónomas del Caribe nunca han sido respetadas como es debido, por ninguno de los gobiernos nacionales que han estado en el poder desde que se aprobó el Estatuto de Autonomía, hace 32 años. Pero la dictadura sandinista de los años ochenta y la dictadura orteguista de ahora, han sido las peores.

Inclusive los dos gobiernos más democráticos que ha tenido Nicaragua en ese período, el de doña Violeta Barrios de Chamorro y el de don Enrique Bolaños, por diversas razones no tuvieron a las regiones del Caribe entre sus prioridades gubernamentales.

Sin embargo, bajo la dictadura de Ortega la situación del Caribe ha venido a peor, pues la democracia es indispensable para el buen funcionamiento de las autonomías. Como señaló en la revista Confidencial el académico e investigador costeño Miguel González, “sin democracia no hay autonomía”.

Desde hace mucho tiempo los gobiernos de Nicaragua están en deuda con las regiones del Caribe, cuyas riquezas naturales han sido explotadas de manera despiadada y sin compensación por empresas y personas extranjeras y nacionales, condenándolas a un atraso mayor que el de las otras partes del país.
Ojalá que las fuerzas políticas democráticas que van a reemplazar en el poder a la dictadura de Daniel Ortega, y los posteriores gobiernos sucesivos, cobren conciencia del maltrato histórico que han sufrido los nicaragüenses del Caribe, les reconozcan su dignidad y los traten con el respeto que merecen.

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