El coronavirus y la locura colectiva

En Nicaragua y a nivel internacional, ha causado estupor la realización de actos masivos convocados por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, mientras en todas partes las aglomeraciones de personas son restringidas o suprimidas para evitar y contener la pandemia del coronavirus.

Incluso en otros países dominados por dictaduras, como Venezuela, o regímenes autoritarios, como Rusia, se están practicando drásticas medidas de prevención entre ellas no convocar ni permitir concentraciones humanas.

Las imágenes de la carnavalesca marcha política que realizó la dictadura orteguista en Managua, el sábado pasado, ridículamente llamada “Amor en tiempos del Covid-19”, exhibieron a Nicaragua como un país a la deriva, no gobernado sino mangoneado por gente “rara”, por decir lo menos, o enloquecidas según opinión de las personas más críticas de la dictadura.

Al respecto cabe señalar que históricamente se ha asociado a los peores dictadores del mundo con la locura, pues han cometido y cometen actos tan irracionales que no los ejecutaría ninguna persona que esté en su sano juicio.

Sin embargo, si la locura personal es un grave problema es peor la locura colectiva, pues la primera es personal, daña solo al individuo que la padece y a su entorno familiar, en tanto que la locura masiva es dañina para muchísimas personas, inclusive para toda una sociedad.

El psicólogo español Alex Figueroba, graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona con mención en Psicología Clínica, y director de la revista en línea Viviendo la Salud, aborda este tema en un artículo titulado “Locura colectiva o enfermedad psicogénica masiva: este es su funcionamiento”. En su estudio el especialista europeo indica que “el término ‘locura colectiva’ ha sido empleado para hablar de fenómenos muy diversos, desde las epidemias de la danza que tuvieron lugar en Europa en la Edad Media hasta el auge de Hitler y el nazismo, o incluso de las revoluciones comunistas y del movimiento independentista catalán”.

En realidad, muchos investigadores han indicado que grandes dictadores como Hitler, Stalin y Ceacescu, entre otros, estaban dominados por la locura. Esa es la explicación de que fueran tan irracionales y que para ejercer su poder sin límites, llegaran al extremo de cometer genocidio y otros delitos de lesa humanidad.

Pero también advierten que la locura de ciertos dictadores contagia a grandes masas de personas, que aclaman a sus caudillos y acatan de manera voluntaria y con entusiasmo sus órdenes irracionales. Según el mencionado especialista español, esa “locura colectiva” o “enfermedad psicogénica masiva” que consiste en “la propagación de trastornos de origen psicológico en múltiples miembros de la comunidad humana”, son poco habituales pero lamentablemente ocurren.

Sin duda que es una locura que en Nicaragua se realicen marchas públicas oficialistas con empleados públicos obligados, cuando lo racional es evitar las aglomeraciones de gente para prevenir el coronavirus. Pero igualmente es una locura colectiva la de los partidarios de la dictadura, que participan voluntariamente y con entusiasmo en esas marchas sin importarles que de esa manera ponen en grave peligro su propia salud, la de sus familiares y de toda la población.

Leer en La Prensa

Be the first to comment