El decálogo de la ética política

El obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, propuso en la homilía de la misa que ofició el domingo 11 de febrero “un decálogo ético en las relaciones sociales y políticas”.

Los diez puntos éticos sugeridos por monseñor Álvarez a los políticos de Nicaragua son los siguientes: 1) No descalificar al otro. 2) No criticarlo destructivamente. 3) No juzgarlo mal. 4) Respetar su fama. 5) Respetar su privacidad, integridad y vida familiar. 6) Dilucidar opiniones, puntos de vista, criterios o principios diferentes con respeto y valores. 7) Reconocer que todos nos equivocamos. 8) Buscar los puntos de consenso. 9) Tener a Nicaragua como el mayor y principal bien común. 10) No responder mal por mal; antes bien, vencer al mal a fuerza del bien. Y remachó el obispo su propuesta a los políticos recomendándoles decir sí, cuando es sí, y no, cuando es no.

La propuesta de monseñor Álvarez es válida para todos los políticos, sean opositores o pertenecientes al partido de gobierno. Sin duda que todos necesitan la ética, pero es evidente que en el sector oficialista es donde más falta hace, porque la mayor inmoralidad política es la que practica y justifica el abuso de poder, la corrupción, la represión, la tortura, el acoso a las personas indefensas e inclusive la eliminación de la vida humana de los otros, para mantenerse en el poder al precio que sea.

Sin embargo, por su contenido el decálogo ético que propone el obispo de Matagalpa parece dirigido solo a los políticos de la oposición, quienes en la búsqueda de salida de la grave crisis sociopolítica que sufre el país se dejan dominar por la desconfianza y la rivalidad; y se enredan en descalificaciones recíprocas que hacen más difícil la tarea de forjar la unidad o alianza indispensable para enfrentar exitosamente a un enemigo particularmente inescrupuloso, astuto y poderoso.

Pero no solo en estas circunstancias la ética debe darle sentido a la actividad política. La política y la ética nacieron juntas y siempre se han condicionado una a la otra. Son complementarias, aunque muchas veces haya entre ellas tensiones y contradicciones.

En realidad, todas las relaciones humanas son o deben ser condicionadas por los valores de la ética. Y sobre todo debe condicionar la acción política porque esta conduce los destinos de la gente, porque los destinatarios de las propuestas y acciones políticas son los seres humanos y grupos sociales que con ellas resultan favorecidos o perjudicados.

No es cierto que en la política vale todo, que lo importante es alcanzar el fin por cualquier medio, por muy inmoral que este sea. Si los políticos proclaman y ofrecen libertad, democracia, justicia, seguridad pública y personal, y progreso económico y social, deben cumplir y para eso tienen que sustentar su práctica en la ética de la política. De eso se trata, a nuestro entender, la propuesta de decálogo ético que ha sido presentada a los políticos por el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez.

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