El diálogo sigue siendo la salida

Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, dijo en la misa de Navidad que celebró en la parroquia Cristo de las Colinas, en Managua, una homilía en la que fundamentó teológica y moralmente la posición de la Iglesia católica ante la tragedia que ha sufrido el pueblo de Nicaragua en el año que termina. Este mensaje de monseñor Báez no debe pasar desapercibido.

Báez expresó que la horrenda represión gubernamental de las protestas populares que ha dejado 325 personas muertas (entre ellas 24 niños), según el último reporte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha sido una negación de Dios.

“Los obispos de Nicaragua con mucha tristeza hemos dicho en nuestro mensaje de adviento de este año, que con los acontecimientos dolorosos de los últimos meses en nuestro país ‘Dios ha sido negado’. La represión violenta e irracional que ha truncado la vida de tantos nicaragüenses, las lágrimas de las madres que lloran a sus seres queridos asesinados, los desaparecidos, el exilio forzado que han debido sufrir tantos connacionales, los presos políticos secuestrados ilegalmente, procesados injustamente y tratados en modo inhumano, el irrespeto a los derechos humanos, las arbitrariedades irracionales, la agresión a periodistas y medios de comunicación, las calumnias, agresiones físicas y persecución odiosa contra la Iglesia Católica y sus pastores, el miedo, la incertidumbre, la crisis económica, todo esto ha representado no simplemente una crisis sociopolítica o económica. Esto ha sido negación de Dios, del Dios que se ha hecho historia y carne. Dios ha sido ignorado y expulsado de nuestra historia”, sentenció monseñor Silvio Báez.

No obstante, el obispo auxiliar de Managua reiteró su convicción personal y la posición de la Conferencia Episcopal de Nicaragua a la que pertenece, de que el diálogo no solo sigue siendo válido, sino que es el mejor camino para lograr una solución pacífica y democrática de la trágica crisis que sufre el pueblo nicaragüense. “Dialogar —explicó el obispo del pueblo— supone fundamentalmente escuchar las razones de los otros y estar dispuesto a renunciar a las propias cuando las de los otros son más razonables, factibles y mejores. Abrirnos a los otros no empobrece nuestra mirada”.

Sobre la pretensión irracional del régimen de resolver la crisis con más represión y violencia, monseñor Báez indicó: “No olvidemos que nada violento es durable. Ofender con discursos prepotentes y agredir verbal y físicamente no nos hace más fuertes. La agresión es la fuerza de los débiles. Debe prevalecer la fuerza de la razón, no la razón de la violencia”.

Reconoce el obispo auxiliar de Managua que “cada vez se ve más difícil dialogar en nuestro país, sí, es verdad. Pero no debemos dejar de insistir y creer que así como el diálogo está al principio de todo, solo el diálogo nos abrirá a un futuro más humano y más digno para todos”.

En realidad, no hay más salida que el diálogo y así lo entienden muy bien el pueblo nicaragüense y la comunidad internacional.

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