El disidente ‘millennial’ cubano exige que le devuelvan su ordenador

“Hasta que me la den. Si no me la dan, me mudo a vivir al aeropuerto. Literal”, responde por teléfono desde el aeropuerto de La Habana Eliécer Ávila, 31 años, el más dinámico de la nueva generación de opositores cubanos, antiguo líder estudiantil castrista devenido en rebelde prodemocrático. Agentes de la Aduana le requisaron el jueves su ordenador cuando regresaba de un evento en Colombia y, según su testimonio, pasó la noche en un calabozo, fuera del aeropuerto, hasta que lo dejaron libre este viernes por la mañana. En cuanto lo soltaron su decisión fue regresar al aeropuerto y plantarse allí. Hasta que le devuelvan su computadora.

Después de que le quitaran el ordenador, y antes de ser detenido, Ávila había hecho una protesta grabando un vídeo en el aeropuerto, a la vista de pasajeros y policías, en el que decía: “No está prohibido entrar a Cuba una laptop, que con tanto sacrificio uno la logra para que vengan a robársela así al descaro. Por eso queremos denunciar ante el mundo que están robando muchísimo en este aeropuerto (…). Ahí adentro hay madres, hay ancianos que fueron despojados de leche, de ropa para sus hijos… Ya es hora de que los cubanos denuncien el abuso que está pasando”, dijo el opositor, vestido con formalidad y con dos hombres a su lado sosteniendo, disciplinados, sendos cartones con el lema: “No más robo”. Tras publicar el video lo arrestaron.

“Es la gota que derrama el vaso”, se queja. Ávila, líder del grupo Somos+ (“Un movimiento” que busca “construir un país moderno, próspero y libre”, dice su web), afirma que sufren “constantes abusos”. “A mí me pasan por escáneres especiales para salir y entrar en Cuba. Son revisiones denigrantes. Te acercan perros. Tiran fotos de todo. ¡Es como si fuera la escena del crimen!”. Dice que a un colega suyo de activismo le quitaron casi todo en su casa. “Le dejaron el colchón y la tele”. Ávila sostiene que se trata de una “operación de desgaste psicológico” del Gobierno cubano. Otros opositores han denunciado el mismo tipo de represión de baja intensidad, que según ellos busca laminar las energías de la disidencia sin tener que recurrir a métodos como el encarcelamiento, que empañan la imagen exterior del régimen.

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con sede en Madrid, afirma que en 2016 se registraron en Cuba 9.351 “detenciones arbitrarias” de motivo político, mil más que en 2015. Suelen ser arrestos cortos, en los que el disidente pasa un rato en un cuartel policial y es liberado en el día.

Este episodio de Ávila cuadra con ese supuesto modelo de represión atemperada. El opositor afirma que no ha sido maltratado. Cuando le quitaron el ordenador, explica, le dijeron que era “de interés de la Unidad de Enfrentamiento de la Seguridad del Estado”. Este viernes Ávila ha presentado una reclamación en la aduana. Le entregaron un papel de “recibido”, según su relato, pero no le respondieron si le devolverían su aparato ni le dieron documento o explicación a mayores sobre el fundamento legal del despojo.

Ávila permanecía este viernes por la tarde varado en el aeropuerto como un opositor ignorado por el sistema al que se enfrenta. Como si no hubiera ningún ordenador de la discordia. Con su teléfono móvil envió a EL PAÍS la fotografía en la que aparece frustrado, sentado en una silla con el gesto de haber esperado una eternidad por un vuelo que saldrá con retraso. Con él fueron detenidos otros tres activistas.

Ávila es ingeniero en Ciencias Informáticas y fue un miembro destacado de organizaciones oficialistas como la Unión de Jóvenes Comunistas y la Federación Estudiantil Universitaria. Dice que si hubiera “traicionado” sus convicciones, hoy sería “un dirigente consentido”. Su transformación de promesa del aparato en oveja negra disidente surgió tras un coloquio en 2008 en el que siendo aún “un revolucionario” retó al entonces presidente del Parlamento Ricardo Alarcón. Con una camiseta con el dibujo de una arroba, se presentó: “Eliécer Ávila. Facultad nº2. Líder del proyecto Vigilancia Tecnológica y Política (…) que se dedica al monitoreo constante de internet y emisión de reportes”, y arrancó una parrafada crítica en la que descolocó tanto a Alarcón que este terminó dando al joven una respuesta que fue el hazmerreír. Ávila preguntó por qué, por entonces, los cubanos no podían viajar libremente. Alarcón respondió: “Si los 6.000 millones de habitantes [del planeta] pudieran viajar adonde quisieran, la trabazón que habría en los aires sería enorme”. Aquellas críticas aparecieron en medios internacionales y Ávila acabó apareciendo en un vídeo en el que culpaba a la prensa extranjera de haber sacado sus objeciones de contexto: “Me he dado cuenta, realmente, de cuán eficaz y cuán rápida es esa maquinaria que tienen para tergiversarlo todo”, declaró.

En 2013 el gobierno eliminó la controvertida norma que obligaba a obtener un visto bueno oficial para viajar al extranjero. Pero ese mismo año, Ávila ya había completado el tránsito de ciberpolicía revolucionario a opositor “tras las represalias sufridas por decir la verdad desde dentro del sistema”.

Han pasado cuatro años y continúa su pelea en la compleja arena política cubana. Según dice, la policía política lo vigila cada vez con más celo. “Hace un año los agentes de la Seguridad del Estado que me atendían [sic] eran del área de Cultura e Intelectualidad. Ahora he pasado a ser atendido por la Unidad de Enfrentamiento, que es más agresiva”, asegura. En otoño Ávila se postulará a las elecciones a delegado de circunscripción en un municipio de La Habana, un puesto al que puede presentarse como candidato cualquier ciudadano y que tiene una limitada relevancia, meramente barrial. Asume que, como disidente connotado, sus opciones son pocas, pero cree que es importante “competir en la comunidad”. “Es una semilla de democracia”, dice. En un plazo de cinco años, Eliécer Ávila, el opositor millennial que reclama su computadora al Estado cubano, se ve “dentro de un parlamento democrático, como mínimo, y como máximo, de presidente de la Republica de Cuba”.

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