El «huracán» boliviano

El presidente de la espuria asamblea constituyente de Venezuela y segundo al mando en el poder dictatorial de ese país, Diosdado Cabello, dijo el domingo pasado que la violencia en Chile y Ecuador, que amenaza con extenderse a Colombia y otros países de América Latina, es “la brisa bolivariana que recorre la región (y que) se convertirá en un huracán”.

El propio dictador venezolano Nicolás Maduro, después de que en un mensaje de Twitter dijo abogar por el cese de la violencia y la represión en Chile, en una concentración de sus partidarios calificó lo que está ocurriendo en ese país y otros de la región como “un éxito” de los movimientos izquierdistas agrupados en el llamado Foro de San Paulo, del que forma parte el FSLN de Nicaragua.“El plan va perfecto —proclamó Maduro—, ustedes me entienden. Todas las metas que nos hemos puesto en el Foro de Sao Paulo se han realizado, así debemos seguir. Vamos mucho mejor de lo que pensábamos”.

A eso, se refería el presidente de Chile, Sebastián Piñera, cuando el mismo domingo pasado por la noche dijo que el gobierno y la sociedad chilena están en guerra contra un enemigo poderoso, que no es la gente que ha sido arrastrada a la violencia y la destrucción haciéndole creer que se trata de una protesta por agravios sociales, reales o supuestos. Las demandas sociales son legítimas, pero no es eso lo que motiva a quienes han organizado y desencadenado la violencia.

La Secretaría General de la OEA captó muy bien el mensaje de los cabecillas de la dictadura chavista de Venezuela. “Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana —dice un comunicado de la Secretaría General de la OEA—, que buscan nuevamente reposicionarse, no a través de un proceso de reinstitucionalización y redemocratización, sino a través de su vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas, pero esencialmente financiar, apoyar y promover el conflicto político y social”.

Se trata de que el castrochavismo —como llama el director ejecutivo del Instituto Interamericano para la Democracia, Carlos Sánchez Berzaín, al socialismo del siglo 21— quiere imponer por medio de la violencia, el crimen organizado, la corrupción y los fraudes electorales, dictaduras como las de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, las que, según se dice en el comunicado de la OEA, “han traído desestabilización, violencia, narcotráfico, muerte y corrupción”.

Sin embargo, según Sánchez Berzaín algo bueno se podría sacar de esta ofensiva del Foro de San Paulo, siempre y cuando la OEA se decidiera a tomar medidas drásticas para erradicar al monstruo castrochavista que asuela a la América Latina.

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