El lenguaje de la dictadura

Como hemos dicho en otras ocasiones, Daniel Ortega concibe la política como una cuestión militar y, por tanto, el ejercicio del poder político es para él como una guerra.

Por eso, Ortega, en vez de buscar una solución política a la crisis de gobernabilidad creada a raíz del estallido social de abril del año pasado, y hacer un acuerdo civilizado en el diálogo nacional que él mismo pidió a los obispos que organizaran, prefirió “resolver” el problema por la vía militar, con una acción de guerra ejecutada por sus fuerzas policiales y bandas de matones parapoliciales armados que arrasaron los tranques y pusieron fin a las masivas protestas pacíficas, a punta de metralla.

Después, cuando la presión de los Estados Unidos y los grandes empresarios lo obligó en febrero de este año a negociar con la Alianza Cívica, en el Incae, rompió la negociación y optó por intensificar la represión policial, que para todos los efectos es como una guerra de baja intensidad contra el pueblo insumiso.

En este contexto no debería causar extrañeza que el régimen de Ortega llame “batallones de la paz” a las bandas de matones armados que arrasaron los tranques y las manifestaciones pacíficas a sangre y fuego; los cuales dicen estar listos para repetir la masacre.

En el idioma de las personas normales es un contrasentido hablar de batallones de paz. Batallón significa, según el Diccionario de la RAE:“Unidad militar compuesta de varias compañías y mandada normalmente por un teniente coronel o un comandante”. No es un concepto de paz, sino de guerra.

Pero en el totalitarismo, sea de izquierda o derecha, nazifascista o comunista, nacionalista o teocrático, se da a las cosas nombres contrarios a lo que realmente son. Y los regímenes populistas de la actualidad también cambian el sentido de las palabras, para engañar a la gente

Esta aberración del lenguaje la describió el escritor británico George Orwell en su conocida obra 1984, publicada en 1949, en la que el “gran hermano” totalitario llama paz a la guerra, abundancia a la miseria, verdad a la mentira, amor al odio, etc.

Ya en un ensayo sobre la política y el lenguaje, que publicó en 1946, Orwell había advertido que con las palabras los políticos trasvisten la realidad que no pueden exponerla desnuda. Estos políticos —dijo el autor británico que en su juventud fue atraído por la utopía comunista pero la monstruosa realidad lo hizo cambiar de opinión—, usan el lenguaje “para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato una acción respetable y para dar al viento apariencia de solidez”.

Sin embargo, muchos escritores y periodistas que han soportado y soportan la opresión y la represión del totalitarismo, han demostrado con sus obras y con su actitud que el lenguaje puede ser instrumento de represión, pero también de resistencia frente a la tiranía.

Esto lo saben los tiranos. Por eso la dictadura de Ortega es enemiga feroz de la verdad y de la libertad de expresión.

La entrada El lenguaje de la dictadura aparece primero en La Prensa.

Leer en La Prensa

Be the first to comment

Leave a Reply