El mito de la dispersión opositora

Nicaragua, ONU, derechos humanos, Daniel Ortega

Los mitos siempre han sido parte de la política. En todas partes donde existe la política (lo decimos así porque los regímenes más totalitarios no le permiten a la gente participar en política), los mitos se manifiestan de muchas y diversas maneras.

El periodista, sociólogo y científico político mexicano, Daniel Castillo Briones, en un estudio titulado 20 mitos sobre economía, sociedad y política, auspiciado por la Fundación Friedrich Nauman para la Libertad y publicado en 2014, analizó los mitos políticos en México que básicamente son los mismos en toda América Latina. En general esos mitos no solo son equivocados, o falsos, advierte el autor, sino también destructivos, deforman la conciencia de los ciudadanos, les impiden escoger las mejores opciones políticas y tomar las decisiones más acertadas, para ellos mismos y la sociedad.

En Nicaragua, entre las diversas creencias o mitos que pueblan el imaginario político, está el de que la división es una maldición fatal de la oposición, que la incapacita para alcanzar objetivos democráticos y fortalece de hecho a la dictadura.

Pero esta es una creencia falsa. La más reciente encuesta de la firma internacional CID Gallup, divulgada a mediados de la semana pasada, ha demostrado que en la actualidad existen apenas cuatro agrupaciones y partidos opositores que podrían constituirse en la alternativa electoral a la dictadura de Ortega y Murillo.

Esas agrupaciones son: la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), que según la encuesta tiene 5 por ciento de preferencia política ciudadana; PLC, con el 3 por ciento; Ciudadanos por la Libertad, 2 por ciento; Alianza Cívica, 1 por ciento y los demás, 1 por ciento entre todos. Cabe considerar que los que suman uno por ciento no son propiamente opositores, sino auxiliares del partido Frente Sandinista y por lo tanto instrumentos de la dictadura.

En cuanto a una hipotética situación de cómo votarían los ciudadanos en las próximas elecciones, la encuesta de CID Gallup dice que el 10 por ciento lo haría por la UNAB, 5 por ciento por la Alianza Cívica, 3 por ciento por el PLC y 2 por ciento por CxL. Por supuesto que eso sería en el caso de que la UNAB y la Alianza Cívica se pudieran presentar en las elecciones como alianzas políticas.

De manera que no hay tal gran dispersión opositora. Lo cierto es que solo son cuatro las agrupaciones que hay en la oposición, de las cuales tres tratan de formar una Coalición que sería la alianza con la cual se presentarían a las elecciones. Y suponiendo que no lograran unirse en la Coalición Nacional y tuvieran que ir separados a las elecciones, solo serían cuatro las opciones.

Por supuesto que la participación opositora en las elecciones de noviembre de 2021, solo sería posible si hubiera suficientes garantías legales, políticas y de observación internacional, para que haya competencia política real y que la verdadera oposición pueda participar en pie de igualdad.

Sobre el mito de que la oposición está condenada a la dispersión y es incapaz de unirse, hay que recordar que en las elecciones de febrero de 1990 participaron 14 partidos aliados como Unión Nacional Opositora (UNO), y ganaron con más del 54 por ciento de los votos. Y que otros 8 partidos opositores participaron de manera independiente, pero entre todos sumaron el 4.44 por ciento del total de votos emitidos por los ciudadanos.

Todavía peor fue el ridículo que hicieron los 21 partidos opositores que participaron separados en las elecciones de 1996, alcanzando a sumar entre todos solo un 10 por ciento de los sufragios.

Ahora, el problema es que Daniel Ortega y el FSLN, con su más o menos 25 por ciento histórico de la preferencia electoral podrían ganar las elecciones de noviembre de 2021, aunque fueran honestas, limpias y transparentes. De manera que por lo menos dos de las cuatro opciones opositoras que existen hasta ahora, tendrían que unirse para poder derrotar claramente a la dictadura.

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