El nepotismo y la corrupción

LA PRENSA ha publicado, el martes de esta semana, un trabajo informativo sobre el nepotismo en la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El nepotismo es la asignación que hace un gobernante o funcionario influyente, a miembros de su familia, de cargos públicos generalmente importantes, concesiones estatales y disfrute de beneficios y otros privilegios vinculados a la administración pública. Nepotismo deriva de nepote (que en italiano significa sobrino) y viene de la época de los papas absolutistas, que nombraban a sus sobrinos y otros familiares para ocupar altos cargos eclesiásticos y civiles.

Con el transcurso del tiempo los papas perdieron ese poder y privilegio. Pero el término nepotismo quedó inscrito en el lenguaje político para designar esa forma de corrupción de gobernantes y otros funcionarios gubernamentales, que utilizan el poder estatal en su propio beneficio. Gobernantes que usan el parentesco sanguíneo o político —y no toman en cuenta el mérito real de las personas— para asignar los cargos públicos, que por la misma razón generalmente son desempeñados de manera ineficiente, o no se ejercen del todo y sus titulares solo cobran los sueldos y privilegios asignados.

La dictadura de Ortega y Murillo es una muestra fehaciente de ese tipo de corrupción, es decir, del nepotismo. En el mencionado trabajo de LA PRENSA elaborado por la periodista Lucía Navas, se muestra la amplia ramificación de familiares sanguíneos y políticos de la pareja dictatorial, y de algunos altos miembros de la cúpula gubernamental, que ocupan cargos públicos sin duda jugosamente remunerados.

Esta corrupción se practica de manera descarada, a pesar de ser prohibida por la Constitución, en su artículo 130, y de manera más específica por la Ley 438, Ley de Probidad de los Servidores Públicos. Puro papel mojado en manos de gobernantes absolutistas y corruptos.

Los estudiosos de la corrupción consideran que el nepotismo, igual que todas sus variantes, se deriva de la tentación perversa de confundir el interés público con lo privado, utilizarlo como si fuese propio y dedicarlo al lucro o interés personal, no al interés de la comunidad que es a la que en principio se deben el gobernante y cualquier funcionario gubernamental y estatal.

Además, el nepotismo es una vulneración de derechos humanos, porque con su práctica viciosa se impide a las demás personas y en particular a las calificadas, optar a los puestos públicos y competir por ocuparlos y ejercerlos.

En Nicaragua el nepotismo es de larga data. Historiadores aseguran que comenzó desde tiempos de Pedrarias Dávila, el primer gobernador nombrado por la Corona Española. Y ha sido un mal tan arraigado que ni las prohibiciones constitucionales lo han podido erradicar, porque no ha habido voluntad política real para hacerlo.

Pero alguna vez habrá que comenzar a erradicarlo para siempre y quizás la mejor oportunidad sea cuando termine la dictadura orteguista, que ojalá fuese la última en la historia de Nicaragua.

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