Entre la auténtica socióloga y la impúdica farsante

Monika Krause CENESEX CubaMonika Krause y Vilma Espín. Foto tomada de Internet

Honrando y recordando a la doctora Monika Krause,

en el primer aniversario de su muerte el 20 de mayo de 2019.

MIAMI, Estados Unidos.- ¿Habrá en Cuba suficientes cubanos – suficientes cubanas- que recuerden el nombre de Monika Krause, la científico y socióloga alemana (RDA) que en 1962 se trasladó a Cuba con deseos de participar en el experimento revolucionario, para luego convertirse en docente nacional de sexología del pueblo cubano, y en un final tener que salir huyendo de Cuba en 1990 (habiendo puesto a salvo a sus dos hijos), debido a la censura y el acoso gubernamental de los que sería blanco?

Este miércoles se cumplió un año de su deceso, ocurrido en su Alemania natal, a orillas del mar Báltico donde residía hace años, y nadie mejor que ella para ayudarnos a revelar lo que hoy anda mal con el CENESEX incoherente de Mariela Castro Espín. Dejemos claro: Monika Krause fue el alma, el motor, la estratega y el cerebro del Centro de Educación Sexual, más conocido como el CENESEX, del cual fue su directora fundadora. Esa labor comenzó bajo el nombre de Grupo Nacional de Trabajo de Educación Sexual (GNTES) en 1972, por encargo de la propia Vilma Espín, junto al pedagogo, doctor Celestino Álvarez Lajonchere. Aquellos esfuerzos irían apuntalados por los ministerios de Educación y de Salud Pública, y observados muy de cerca por los de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Interior. El machangato se atrincheraba.

Según Carlos Ferrera Torres, Monika emprendió “la ‘alfabetización’ sexual de los cubanos […] sobre epidemiología y prevención de enfermedades venéreas […] los riesgos del embarazo en la adolescencia, y tantos otros asuntos… y nos enseñó a normalizar la homosexualdad”. (CiberCuba 21/05/2019)

Según ella misma revelara, en una entrevista en febrero de 2012, publicada en Diario de Cuba, el Programa Multisectorial y Multidisciplinario de Educación Sexual que ella diseñara se basaba “en los acuerdos de Naciones Unidas, en su Plan de Acción Mundial de 1975, así como en el Programa del Fondo de Población de ONU de 1976, en lo referente a la planificación familiar, a la necesidad de bajar los altos índices de embarazos en adolescentes, a la salud y los derechos reproductivos de la mujer, a la educación de la población para el logro de conocimientos, actitudes y conductas sexuales responsables”, al igual que “las resoluciones del II y III Congreso Nacional de la FMC y del Partido Comunista de Cuba (PCC), así como del Código de Familia, que hacen referencia explícitamente a la lucha por el pleno ejercicio de la igualdad de la mujer, a la educación sexual y para la familia, a la superación del machismo, a los derechos y deberes de madres y padres en la educación de sus hijos”.

Esos fueron los objetivos primordiales del CENESEX que fundó Monika Krause, atado a los objetivos nacionales de la Federación de Mujeres Cubanas: erradicar el machismo, empoderar a las mujeres en sus plenos derechos, a ayudarlas a comprender que eran iguales a los hombres, hacerlas dueñas de sus cuerpos y sexualidad, enseñarlas a planificar sus familias, a evitar los embarazos y por consiguiente los invasivos abortos.

¿Cómo se ha transformado la labor del CENESEX desde que lo dirige la hija de Vilma Espín y Raúl Castro?

El CENESEX se ha convertido en la institución insigne de la comunidad homosexual cubana. Lo que encabeza Mariela Castro desde su liderazgo del centro es, según Frances Negrón Muntaner, “un proceso de ‘transformismo’ a través del cual el Estado concede derechos a sectores políticamente maltratados […] como parte de una estrategia para darle nueva cara al cuerpo político nacional”. (Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana, Nueva Sociedad, No. 218, diciembre 2008) Nada tiene que ver este “transformismo” con la vida, los problemas, las prioridades y los retos que enfrentan –sin solución– hasta el día de hoy las mujeres de Cuba.

No es que la comunidad LGBTI no necesite de una institución, o de muchas –independientes, dicho sea de paso– que la represente, que aboguen por sus derechos, por su igualdad y reconocimiento. El asunto es que el CENESEX no se fundó para lavarle la cara a un represivo y homófobo régimen. Se fundó para educar a cubanas y cubanos por igual sobre la planificación familiar, para ayudar a reducir embarazos en adolescentes, para lograr reducir el número de abortos, para aupar los derechos reproductivos de la mujer, el pleno ejercicio de su igualdad, para educar a la familia y superar el machismo.

No hay duda de que en la planificación pedagógica del CENESEX de los años setenta Monika Krause también le enfiló sus cañones ilustrados a la homofobia tradicional –de la población y de la dirigencia– que sostenía que la homosexualidad era una enfermedad, una lacra, una perversión, y la constancia de una educación torcida que precisaba rectificarse. Pero su misión principal, por encargo de la propia Vilma Espín, presidenta vitalicia de la Federación de Mujeres Cubanas, fue fortalecer el bienestar sexual y existencial de las cubanas, y entronizar sus derechos.

Mariela Castro debe renunciar inmediatamente a la dirección del CENESEX, y de los otros organismos a los que pertenece, incluyendo la Asamblea Nacional, porque su trabajo en defensa de las niñas y mujeres cubanas ha sido ineficaz. Recordemos su defensa del modelo de la prostitución en Amsterdam, que propuso como una fórmula exitosa y emulable para organizar el trabajo sexual en Cuba. ¡Jineteras tropicales para europeos a la europea, qué adelanto! Esa sonrisa que tantos admiran no es más que una mueca insolente. En palabras de Krause, el trabajo de Castro Espín en el CENESEX ha desviado los objetivos fundacionales de la entidad porque, en la última década, se ha centrado

“en la cuestión de la homosexualidad y de la transexualidad, como si Cuba no tuviera miles y miles de problemas que afectan a una gran parte de la población: el embarazo en la adolescente, el problema de las madres-niñas, el problema del aborto, el problema de la inestabilidad de la familia cubana, de los elevadísimos índices de divorcios, del relajamiento, de la promiscuidad, del alto índice de enfermedades de transmisión sexual, del SIDA, de los baches en el suministro de medios anticonceptivos, de la falta de continuidad en el trabajo de calificar a especialistas para el funcionamiento de los centros de orientación y terapia en todo el país, la falta de medios de información actualizada para especialistas… y la situación referente a la prostitución. Niñas, mujeres profesionales, jóvenes, homosexuales, se están prostituyendo”.

A todo esto habría que añadirle los problemas de la violencia de género, la falta de recursos básicos, los problemas de la vivienda, la pobre alimentación, y los feminicidios.

La hija de Castro II no ha logrado que la Asamblea Nacional apruebe el matrimonio homosexual. Pero tampoco logró que el pasado mes de diciembre se discutiera y se considerara en la Asamblea la aprobación de una ley integral contra la violencia hacia la mujer, que ha quedado pospuesta hasta 2028, como si dicha ley no fuera urgente e impostergable. Con la violencia doméstica recrudeciéndose, y el asesinato de cubanas en ascenso, es hora ya de que se reemplace la dirigencia del CENESEX. De podérsele preguntar, Monika Krause nos diría que no hay nada que esperar de esta impúdica farsante.

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