Fin de la pelota cubana – tomó tiempo, pero lucen haberlo logrado

El juego de béisbol ha sido tratado con bastante ingratitud a través de los años en Cuba.

A pesar de haber contribuido con el primer pelotero latinoamericano al profesionalismo norteamericano, en 1869 fue prohibido por el gobierno español. Lo consideraron una amenaza a las corridas de toro y un símbolo del liberalismo asociado a Estados Unidos. Así fue castigado por primera vez, pero esta no sería la última.

Después de que los hermanos Guilló y Esteban Bellan, el primer cubano en llegar a la pelota profesional; organizaran y participaran en el primer partido realizado en Cuba en 1874, la pelota cubana tuvo un arranque meteórico.

Desde el 1878, cuando la liga cubana fue fundada, hasta 1961, momento en que Fidel Castro abolió el profesionalismo; nuestro béisbol no solo fue un pasatiempo sino una forma de vida para la nación. A través de los años fue embajador en el Caribe y el resto de Latinoamérica.

Los frutos y logros fueron orgullos del país. El blanco jugó con el negro, el nativo con el extranjero. Los equipos de Grandes Ligas visitaron la isla.

Importamos el primer jugador de la raza negra no nacido en EEUU, el inolvidable Orestes Miñoso. Tuvimos un equipo de ligas menores donde TODOS los peloteros eran cubanos, los Havana Cubans.

Finalmente llegamos a ganar “La Pequeña Serie Mundial”. Una serie donde los conjuntos de triple A se disputaban la corona de las ligas menores. Esos fueron los famosos Havana Sugar Kings. Con ese triunfo concluyó la era dorada del béisbol criollo.

A pesar de la interminable propaganda comunista cubana que alababa a Fidel como un buen amante del deporte y peor aún, que era un formidable pelotero que había sacrificado su carrera por amor a la revolución. Nada estaba tan lejos de la verdad.

Castro jamás había sido buen jugador. Nunca vistió los colores del colegio Belén como pelotero. Ningún scout lo vino a firmar ni siquiera a verlo entrenar. Solo hay que ver de la manera que lanzaba o tomaba el bate y se puede apreciar el poco talento que tenía.

Todo eso ha sido una falsa promoción con fin de exaltar la figura más grande de lo que realmente fue y esconder sus verdaderos sentimientos.

El único equipo que integró fue el infame “Barbudos”, que junto a sus compinches del gobierno aparecían en los primeros años como celebridades. Todo era un montaje y una farsa. Pobre de aquel pelotero que lo ridiculizara, pues tendría consecuencias. Ahí está el caso del gran lanzador Manuel Enrique “Amoros” Hernández Gazmury que tuvo que abandonar la isla cuando en uno de esos “encuentros” le hizo tres lanzamientos y lo ponchó miserablemente.

El dictador declaró el béisbol profesional, ilegal por varios motivos. El principal es el hecho de ser un deporte norteamericano con palabras y frases en inglés. El segundo son las razones ya antes mencionadas de lo inepto que era en este y tercero porque sus intenciones eran de desaparecerlo.

Estadio Pedro Marrero en La Habana, Cuba.

El último deseo llevaba un proceso de introducción al juego más popular del mundo, excepto en EEUU. El deporte que arraiga pasiones y mueve masas, el llamado futbol y que nosotros conocemos como balompié. Del punto de vista económico mucho más razonable. Una pelota para 22 jugadores vs. varias pelotas de béisbol, guantes y bates.

Otra locura más al estilo de secar la Ciénaga de Zapata para sembrar arroz, de crear una vaca que produjera cientos de litros de leche y de otras tantas mentiras y estupideces que nunca llegaron a materializarse.

La transición no fue fácil porque el béisbol estaba muy penetrado en la sangre del cubano. Existía una gran infraestructura, (formidables estadios de juego, ligas organizadas, y academias de instrucciones que contaban con excelentes entrenadores), que grandes hombres de béisbol habían creado.

Otro cálculo que no le vino a la mente fue de que “El Cubano nace pelotero”.

Los triunfos obtenidos a principio de la dictadura no fueron elogiados porque habían sido logrados por los productos de esas academias. Hay que recordar que Cuba se coronó campeón amateur en 1961 y de ese equipo no se comenta. Otro escollo que encontró fue cuando los equipos de los años 70’s y ‘80’s comenzaron a ganar y eso se convirtió en una maquinaria publicitaria para su régimen.

Con la entrada de los profesionales a competencias internacionales, la huida de peloteros al exterior y el deterioro de las facilidades de juego; el béisbol cubano se desmoronó. Todos estos elementos reunían las condiciones necesarias para traer el futbol y enterrar la pelota.

En la actualidad la ola de convertir al cubano en fanático de futbol a costa de que pierda el amor por el béisbol está en pleno vigor.

La Copa Mundial, en la cual Cuba no participa, es transmitida por radio y a su vez televisada a través de la isla. Incluso la están pasando en cines. Sin embargo, el amante de béisbol no tiene acceso a presenciar los juegos de Grandes Ligas y compartir las hazañas de sus compatriotas.

En fin, aparentemente les tomó tiempo, pero están desapareciendo la otrora pelota cubana.

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