Freud y la irracional represión orteguista

Los 13 dirigentes y activistas del movimiento opositor cívico Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), que fueron encarcelados por llevar agua, medicinas y objetos de uso personal a las madres de presos políticos que están en huelga de hambre y sitiadas en la iglesia de San Miguel Arcángel, en Masaya, fueron acusados absurdamente por la dictadura por posesión y tenencia ilegal de armas de fuego.

Era de esperarse que el régimen les hiciera alguna acusación descabellada, pues no podía acusarlos criminalmente por un acto pacífico de solidaridad y humanitarismo, que fue lo que realmente hicieron y lo cual está muy lejos de ser delito. Eso no está tipificado como crimen en la Ley penal de Nicaragua ni podría estarlo en ningún código criminal del mundo, salvo quizás en Cuba, Corea del Norte, China o Irán, países desdichados donde impera el más absoluto y criminal totalitarismo.

El delito “es culpa, crimen, quebrantamiento de una ley imperativa… proceder o abstención que lleva anexo una pena”, según definición de Guillermo Cabanellas en su infaltable Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual. En su obra Cabanellas define hasta 134 modalidades de delito, pero ninguna de ellas se refiere a un hecho político de solidaridad como el que realizaron los miembros de la UNAB, una organización de lucha política no violenta, por el cual la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo les ha montado una falsa y perversa acusación criminal.

En realidad se trata de un acto irracional de represión de un régimen que de esa manera revela que se siente acorralado, que ve fantasmas y enemigos por todas partes, que se considera derrotado política y moralmente. No lo reconoce, pero no lo puede ocultar.

Sin embargo, como toda fiera gravemente herida que siente o presiente estar condenada a morir, la dictadura orteguista ataca ciegamente y es capaz de hacer el mayor daño posible. Como ha dicho la UNAB en un comunicado difundido este lunes, después de la caída de Evo Morales en Bolivia la dictadura de Ortega ha elevado “los niveles de la represión hacia los liderazgos de la Unidad Nacional, defensores de derechos humanos e Iglesia católica comprometida”. Y agrega que el régimen “sabe que está debilitado y sin opciones y por eso se vuelve cada vez más peligroso, pero no invencible”.

Cabe reflexionar al respecto, que según estableció el psicoanalista austríaco Sigmund Freud como resultado de sus investigaciones y prácticas profesionales, la represión en su sentido psicológico es “uno de los mecanismos de defensa más importantes en la conformación de la neurosis”. Pero con la represión no se logra “que lo reprimido pierda su fuerza dinámica”, indica Freud. Es decir, lo que es reprimido “sigue produciendo efectos sobre la psiquis del sujeto”.

Lo mismo ocurre en el ámbito social, con la represión política. Por muy dura que esta sea, las fuerzas sociales y políticas que son reprimidas permanecen y reaccionan, resisten y siguen actuando contra el represor. Así lo demuestra la situación actual de Nicaragua, pues a pesar de la represión irracional y criminal de la dictadura orteguista, la lucha por la libertad y la democracia no se detiene.

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