“I can’t breathe!”, gritan también los cubanos

cuba cartel fidel castro comercio electrónico socialismo escasez represión(foto: EFE)

LA HABANA, Cuba. – La bota de la dictadura se clava cada día más en la nuca de los cubanos. Un artículo en el portal Cubadebate ha enfilado los cañones hacia el comercio privado por la vía de Internet, donde desde hace años aparece todo lo que los nacionales no pueden comprar en las tiendas del Estado. Los sitios de venta online han existido prácticamente desde que la red de redes llegó a la Isla; no han formado parte de ninguna estrategia oculta o disimulada, pues sus nombres son bien conocidos y el acceso es tan fácil como abrir una puerta para entrar a una TRD.

Con el aumento de la conectividad las plataformas se han diversificado y hoy también es posible encontrar información de compraventa en las redes sociales y aplicaciones para chatear. Todo funciona sobre la base de oferta y demanda, y en medio de la crisis provocada por la Covid-19, muchísima gente ha resuelto lo que necesita, evitándose colas y las desagradables situaciones que en ellas se generan.

Esta variante comercial, concebida para quienes manejan ingresos por encima de la media, ahora estorba al poder centralizado que simplemente no soporta que se venda un grano de alpiste sin su consentimiento. El Estado no es capaz de producir absolutamente nada y sabe que el pueblo está atravesando el momento de mayor estrechez desde el Período Especial; pero lejos de impulsar la diversificación de métodos para satisfacer la demanda, se prepara para iniciar otra cacería como parte de la “batalla contra las ilegalidades”, que jamás se acerca a los verdaderos delincuentes de este país.

El artículo publicado en Cubadebate cargó contra todo el comercio alternativo. En la mira están las mulas, los que importan artículos desde el exterior para vender en la Isla, los administradores de sitios digitales que colman los intereses y necesidades de miles de clientes, eternamente descontentos con la gestión estatal, y hasta los chats que en medio de la emergencia sanitaria se han creado para que los usuarios intenten al menos localizar lo que buscan.

Es mentira que el régimen quiera librar a los cubanos de la “plaga de revendedores”. La supuesta cruzada no es más que un golpe sucio a gente que invierte su tiempo y su dinero intentando recomponer la economía familiar, pues en muchos casos esos “coleros” que marcan desde las cuatro de la madrugada para comprar pollo y revenderlo, lo hacen también para poder comprarle a otro que revende productos de aseo.

De la cadena de encarecimientos y esfuerzos sobrehumanos no escapa nadie, porque el origen radica en ese mismo poder aniquilador que tiene los mercados y agros vacíos. La dictadura no acepta que el negocio de la reventa beneficie a una minoría que también tiene necesidades y puede pagarlas. A un viejo imposibilitado de hacer cuatro horas de cola para comprar pollo, le funciona pagarlo a sobreprecio con el dinero que sus hijos le envían desde el extranjero. A una madre que mueve cielo y tierra buscando leche, le funciona pagar un poco más por una lata de evaporada, pues su hijo no puede esperar a que ETECSA compre la leche en polvo que según el espía Gerardo Hernández Nordelo, es costeada con las ganancias del emporio de telecomunicaciones más chupasangre del universo.

Para el régimen es inaceptable que entre sus ciudadanos circule tanto dinero, evadiendo las estériles arcas del Estado. Esos entendimientos que tienen lugar en el espacio virtual y al margen de las draconianas regulaciones estatales, huelen demasiado a libertad económica y eso constituye una afrenta.  La dictadura quiere que Cuba entera sea pobre, pase hambre, haga colas kilométricas, no pueda arreglar la grieta en el techo de su casa. La estrategia es agotar a la nación en esa miseria cotidiana para que a nadie se le ocurra pensar en una rebelión. Ese desgaste físico y psicológico de todo un pueblo es imprescindible para que el castrismo se mantenga inamovible.

Por ello deben apretar por todos lados; que a nadie le llegue un tubo de picadillo ni un paquete de detergente en la comodidad de su hogar. Todo el mundo tiene que estar en la calle, sometido a la lucha por la supervivencia que al cabo es la antítesis del sentido común y el pensamiento lógico.

Ahora la gente se pregunta cuál es el problema con “Revolico” y otros sitios similares, si siempre han estado ahí. El régimen, hábilmente, ha acostumbrado a los ciudadanos a confundir permisibilidad con legalidad. Los ha dejado acomodarse, ganar confianza, sentirse a salvo; una actitud de aparente flexibilidad que le ha funcionado hasta esta hora de crisis en que toca sacrificar cualquier libertad individual para mantener a flote un Estado tan inútil como abusador.

I can´t breathe, gritan también los cubanos, con el cuello casi quebrado por una presión de 61 años. La dictadura no hace más que vigilar, expropiar y castigar. Cuba es una Isla sitiada por sus propios amos, gente perversa que ha declarado abiertamente la guerra a un pueblo que cada día se percibe más desnudo de todo.

No hay alimentos, ni viviendas, ni escapatoria. Pronto llegará el momento en que se contarán por decenas de miles los cubanos que no tendrán un techo digno sobre sus cabezas, ni un mendrugo de pan que llevarse a la boca. En ese punto solo habrá dos opciones: la rebelión o el suicidio. Entonces sabremos lo que vale este pueblo que se las da de bravucón desde que tengo memoria.

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