Informe contundente, ¿y ahora qué?

El informe de la Comisión de Alto Nivel de la OEA sobre Nicaragua ha sido tan contundente como se esperaba. Si fuese un veredicto, sería absolutamente condenatorio a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Esta Comisión fue creada por la Asamblea General de la OEA en Medellín, Colombia, en junio del presente año, para ayudar a Nicaragua a salir de la grave crisis sociopolítica de manera pacífica y democrática.

Ortega pudo aprovechar esa iniciativa de buena voluntad para restablecer el diálogo con la oposición y alcanzar un acuerdo en pro de la realización de elecciones libres, transparentes y observadas, previa reforma democrática del sistema electoral y restablecimiento pleno de los derechos y garantías de todos los nicaragüenses. Sin embargo, la soberbia dictatorial cegó a Ortega y al negar el ingreso de los altos comisionados de la OEA él mismo determinó la contundencia del informe.

El informe reconoce que en Nicaragua ha habido “una alteración del orden constitucional que afecta gravemente el orden democrático”. En consecuencia, demanda el restablecimiento del sistema democrático, el cese de la represión, la restauración de los derechos de los nicaragüenses, la reanudación de las negociaciones con la oposición en busca de un acuerdo para la solución democrática de la crisis, el regreso al país de los organismos internacionales de derechos humanos, y la creación de las condiciones necesarias para garantizar un proceso electoral libre y transparente.

La Comisión de Alto Nivel de la OEA ha comprobado que en Nicaragua hay una dictadura. Nosotros ya lo sabíamos y denunciamos que desde que tomó de nuevo el poder en 2007, ahora utilizando las elecciones en vez de la guerra, Ortega comenzó a socavar las instituciones democráticas, a desmantelar el Estado de derecho y criminalizar a la oposición. Pero la comunidad internacional lo dejó hacer sus fechorías políticas hasta que impuso la dictadura absoluta y perpetró la masacre del año pasado.

Ahora bien, ¿qué hará la OEA después del informe de su Comisión de Alto Nivel para Nicaragua? Esta pide al Consejo Permanente “que convoque inmediatamente un periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General para examinar esta cuestión”. Pero, ¿se podrán conseguir los 24 votos indispensables para aplicar la Carta Democrática Interamericana al régimen de Ortega y suspenderlo de la OEA? ¿Podrán —o mejor dicho querrán— los gobiernos democráticos de las Américas sancionar a la dictadura de Nicaragua, de manera colectiva o individual?

Eso se verá pronto. Por ahora lo que se ve muy claro es que Ortega está más aislado y acorralado internacionalmente. Así lo confirma el informe de la OEA pero también las enérgicas declaraciones de la Unión Europea y el Gobierno de España. Esto es un gran aliciente moral para la resistencia pacífica interna de los ciudadanos, que en busca de la libertad y la democracia desafían valerosamente la salvaje represión de la dictadura.

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