Instituido en Cuba el maltrato animal

El maltrato animal en Cuba se ha instituido. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- El maltrato animal es un tema muy sensible en nuestra sociedad. Continuamente aparecen en la prensa quejas, comentarios y reportajes sobre las brutalidades que sufren los animales abandonados que deambulan buscando comida. Pero ninguno, hasta ahora, tan desgarrador como el testimonio enviado por Yudeni León Alejo desde Santa Isabel de las Lajas, Cienfuegos, a la sección Acuse de Recibo del periódico Juventud Rebelde (“Compasión por esas criaturas”, 15 de septiembre de 2019).

La lectora afirma que la opción primera fue matarlos en la vía pública con un pedazo de carne envenenada. Después de muertos, los recogían en una carreta delante de los pobladores, incluso de los niños. Más adelante relata: “Hace poco tiempo construyeron una perrera al lado del policlínico, pero no tiene agua ni salida para los residuales de esos animales. Tampoco se les puede garantizar alimentación durante el tiempo que permanecen allí”.

En su reclamo, Yudeni cuestiona: “Si los gobiernos locales tienen autonomía para manejar ciertos recursos, ¿por qué en Lajas no se hace una campaña de esterilización masiva? ¿Por qué no se les da la posibilidad a las personas que este problema afecta, de tener un lugar donde puedan atender voluntaria y gratuitamente con sus recursos a esos perros de una forma humana?”.

Yudeni se pregunta hasta cuándo será una tradición el maltrato animal, encerrarlos en una jaula y dejarlos morir de hambre y sed sin ninguna compasión. Y no le falta razón al considerar este acto monstruoso como una tradición, porque ese salvaje e inhumano proceder con los animalitos desprotegidos que vagabundean por ciudades y pueblos se ha convertido en el método habitual de Zoonosis, institución estatal donde impera la crueldad desde que los cazan en las calles, durante las horas que pasan encerrados en un jaulón, y hasta que los asesinan.

Las experiencias de las personas que hemos acudido a Zoonosis han sido espeluznantes, pero hay una en particular que me dejó desolada, y es el triste destino del perrito de un amigo. Era pequeñito, lo tenía bien cuidado, vacunado, bien alimentado, con su collar, y era de raza. Cuando mi amigo viajó a China, lo dejó al cuidado de un amigo. El animalito, acostumbrado a los mimos, extrañaba a su dueño, y probablemente quería regresar a su casa. Un día, en un descuido, se escapó.

Mientras el cuidador lo buscaba supo que el carro de Zoonosis fue visto por el barrio, pero se negaba a creer que lo cazaran, porque tenía su identificación. Además, a simple vista se veía cuidado. Así, cuando fue a indagar, ya era tarde: los habían asesinado a todos. Allí supo que tiraban agua al piso y los electrocutaban, y que al estar encerrados en una jaula sin alimentos se agredían entre sí y vencían los más fuertes.

Cierto día leí en la revista Somos Jóvenes que estos sacrificios se hacen para evitar la proliferación de animales merodeando por restaurantes y cafeterías, pues pueden ser portadores de enfermedades. Al respecto, me comentaba un amigo conmovido: “Zoonosis supuestamente es la institución encargada de erradicar vectores. Sin embargo, nunca los he visto cazando las ratas que campean a pleno día por esta ciudad, ni me he enterado de que hayan organizado campañas contra el caracol gigante. ¡Esos sí son vectores!”. Y es que todos esos procedimientos, que tanto daño hacen a nuestra sociedad, se pueden humanizar con la voluntad y los recursos gubernamentales.

No son pocos los cubanos que claman por una Ley contra el maltrato animal, una Ley de Protección pensada no sólo para perros y gatos. Esto quedó evidenciado cuando se analizaba el proyecto de constitución. Sin embargo, el gobierno no tomó en consideración este deseo al elaborar la ley de leyes. Tampoco el gobierno invierte recursos ni toma medidas para humanizar el trato a los animales.

Es necesario educar a la población en la compasión, y en la responsabilidad que tiene para con sus mascotas y los animales en general. Pero para lograrlo, es preciso asimismo crear las leyes pertinentes, pues también es imprescindible institucionalizar este comportamiento humano y piadoso, tan necesario para rescatar los valores perdidos en nuestra sociedad.

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