Izquierda radical a la ofensiva

El fin de semana pasado –del viernes 1 al domingo 3 de noviembre–, tuvo lugar en La Habana, Cuba, el denominado “Encuentro Antimperialista de Solidaridad, por la Democracia y el Neoliberalismo”. Allí se reunieron unos 1,200 líderes y activistas de extrema izquierda, encabezados por Raúl Castro de Cuba y Nicolás Maduro de Venezuela.

Faltó el dictador de Bolivia, Evo Morales, quien enfrenta una grave crisis de gobernabilidad por el fraude electoral que perpetró el domingo 20 de octubre pasado. Tampoco asistió Daniel Ortega, quien no da la cara en eventos internacionales fuera de Nicaragua, aunque sean de mucha importancia para él.

La izquierda revolucionaria está a la ofensiva en América Latina. Varios países suramericanos son azotados por el “huracán bolivariano”, como ha calificado Diosdado Cabello el nuevo empuje para imponer en la región regímenes revolucionarios autoritarios, o totalitarios, por medio de elecciones o mediante la toma violenta del poder.

En julio pasado se llevó a cabo en Venezuela el XXV Encuentro del Foro de San Paulo, cuyos acuerdos para impulsar la subversión revolucionaria en América Latina se están cumpliendo a cabalidad, según reveló el dictador venezolano Nicolás Maduro.

Pocos días después, más de 30 prominentes líderes de izquierda, que aparentan ser moderados pero cumplen los lineamientos del Foro de San Paulo, formaron en México el Grupo de Puebla para contrarrestar al democrático Grupo de Lima, que de todos modos ha sido incapaz de impulsar acciones eficaces contra la dictadura de Venezuela. El Grupo de Puebla se reunirá esta misma semana en Buenos Aires, bajo la sombra de los presidente y vicepresidenta electos de Argentina, los izquierdistas Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

No es la primera vez que desde Cuba se impulsa una estrategia revolucionaria para la toma del poder en los países de América Latina y el Caribe. En 1965 se realizó en La Habana la Conferencia Tricontinental, que creó la Organización de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), con el objetivo declarado de “promover las causas del socialismo y el comunismo en el Tercer Mundo”. Y en 1967 fue constituida en la misma ciudad de La Habana la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), brazo regional de la OSPAAAL, con igual propósito.

En 1990, después de un largo receso revolucionario por la caída del comunismo en Rusia y Europa del Este, Fidel Castro y Luis Inácio Lula Da Silva crearon el Foro de San Paulo con el fin de reimpulsar la estrategia revolucionaria continental. Nueve años después, Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela, proclamó la revolución bolivariana y comenzó a utilizar dispendiosamente la riqueza petrolera para financiar los movimientos revolucionarios latinoamericanos.

La izquierda tomó el poder en varios países latinoamericanos, entre ellos Nicaragua, pero después lo perdió en Argentina, Ecuador y El Salvador. Además, en Nicaragua estalló una resistencia democrática cívica que hasta ahora tiene en jaque a la dictadura de Daniel Ortega.

Sin embargo, con los triunfos electorales en México y Argentina, y las insurrecciones en algunos países suramericanos, la extrema izquierda está de nuevo a la ofensiva. Mientras tanto, las democracias no hacen nada real y eficaz para contener el avance de la revolución autoritaria o totalitaria en América Latina.

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