La asombrosa violencia en Chile

Es asombroso lo que ha ocurrido en Chile, país latinoamericano considerado como modelo de democracia, estabilidad y respeto a los derechos humanos.

De Chile se decía que estaba situado encima de todos los demás países de la región, en el umbral del primer mundo. Sin embargo, la violencia irracional que lo ha sacudido en los últimos días —al grado de que el domingo por la noche el presidente Sebastián Piñera exclamó, desesperado: ¡Estamos en guerra!—, ha desdibujado esa imagen de superioridad económica, social, cultural y política chilena tan difundida en los últimos años.

No es que en Chile no haya habido disturbios políticos y sociales en los años recientes, desde que terminó la dictadura militar y se comenzó a construir la nueva democracia. En ese país suramericano existe un partido comunista muy bien organizado y en general una izquierda poderosa, que cuando no está en el poder —gobernando con respeto a las reglas de la democracia, hay que reconocerlo—, practica en la oposición una tenaz resistencia social y política a los gobiernos de derecha

Aunque no tan extremista como la estrategia de “gobernar desde abajo” que el sandinismo practicó en Nicaragua en el período democrático de 1990 a 2006, saboteando a los gobiernos democráticos, la izquierda chilena en la oposición ha sido muy beligerante contra los gobiernos de derecha. Sin embargo hasta ahora la oposición de la izquierda chilena había sido civilizada, con algunas acciones violentas sobre todo del movimiento estudiantil, pero limitadas, sin llegar a los extremos de ahora.

La inusitada violencia que ha asolado a Chile en los últimos días, se desató a partir de que el Gobierno aumentó en 30 pesos (1.17 dólares) el precio del pasaje en el transporte del Metro. Sin embargo, cuando el segundo gobierno socialista de Michelle Bachelet lo aumentó en 80 pesos, o sea más o menos 3 dólares, no hubo violencia como ahora.

Según el relato de la izquierda la violencia actual no ha sido solo por el aumento en el pasaje del metro, sino que es consecuencia de la inmensa rabia social que se ha acumulado por la pobreza, la injusticia social y la preferencia de los gobernantes hacia los ricos.

Pero la explicación izquierdista se estrella contra la realidad de que en Chile el salario mínimo mensual promedio es el segundo más alto de la región, 424 dólares, mientras que en la Nicaragua orteguista es de 183 dólares y en la Venezuela socialista de apenas 8 dólares. Además, Chile tiene la mejor educación en América Latina, la mayor capacidad de promover prosperidad y es el segundo país menos corrupto en la región, entre otras virtudes.

De manera que no es por pobreza e injusticia social que se puede explicar el desborde de la violencia en Chile. Tal vez la causa hay que buscarla en la cultura, como ha escrito el sociólogo, filósofo y académico chileno Carlos Peña, en el diario El Mercurio. O quizás la causa sea política, un caso de “gobierno revolucionario desde abajo”, a la chilena.

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