La brecha electoral

El régimen de Daniel Ortega rechazó las recomendaciones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, referidas a buscar solución a la crisis sociopolítica que sufre Nicaragua desde abril del año pasado.

Pero Ortega, a pesar de su arrogancia no las tiene todas consigo. De manera que en el mismo documento oficial presentado el 20 de septiembre al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el dictador nicaragüense se compromete a cumplir “los compromisos adquiridos en virtud de identificar las reformas políticas, electorales e institucionales necesarias… que garanticen, entre otras cosas, elecciones libres, abiertas, transparentes y acompañadas para el año 2021”. Y señala que para eso ha “retomado los trabajos con la Secretaría General de la OEA para la cooperación en materia de fortalecimiento institucional, político y electoral de Nicaragua”.

Se conoce que Ortega no suele cumplir lo que promete cuando cree que el cumplimiento lo perjudica. Pero siendo su dictadura una de tipo electoralista, es precisamente en el tema de las elecciones donde se encuentra la brecha que la oposición puede y debe aprovechar. En el compromiso electoral que Ortega ha contraído ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la oposición democrática debería concentrar la presión, junto con la comunidad democrática internacional, para obligarlo a permitir las elecciones libres y transparentes que según el consenso nacional es el único camino posible para recuperar la democracia y la libertad en Nicaragua.

En las últimas semanas diversos sectores de la oposición política y la sociedad civil han presentado propuestas muy importantes de reformas electorales y constitucionales. Pero en general son reformas para construir una nueva Nicaragua, sin dictadura, libre y democrática. Se trata de reformas que solo se pueden hacer sin Ortega y más bien contra Ortega; pues, según declaró el dirigente de la Alianza Cívica, Juan Sebastián Chamorro, a la revista en línea Confidencial, la discusión actualmente debe girar “en torno a la Nicaragua que queremos, más allá de definir por quiénes votar o en cuál casilla se haría”.

Sin embargo, para construir una nueva Nicaragua, libre y democrática, primero hay que salir de la dictadura de Daniel Ortega. Lo cual solo es posible mediante unas elecciones libres, limpias y observadas, como las que el mismo Ortega, aunque sea por conveniencia táctica, se ha comprometido ante la comunidad mundial a garantizar.

Se sobreentiende que unas elecciones libres solo pueden ser posibles en condiciones de irrestricta libertad de expresión, de organización política y de movilización popular. Esto lo debe saber muy bien la OEA porque su modelo de elecciones libres está consignado en la Carta Democrática Interamericana, a la que debe ceñirse cualquier acuerdo de reformas electorales que se haga con Ortega, para que tenga legitimidad y pueda ser aceptable.

Por su parte la oposición tiene la obligación política y moral de unirse en una gran alianza electoral amplia e incluyente, y respaldar la negociación que pueda hacer la OEA con el régimen de Ortega para lograr las reglas legales y política de un proceso electoral decente y creíble, como las que se acordaron para las elecciones de 1990.

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