La deuda externa con Ortega

LA PRENSA comenzó la semana con la información de que el régimen de Daniel Ortega ha incrementado la deuda externa de Nicaragua en un 80 por ciento, desde 2007, cuando recuperó el poder y comenzó a instaurar la nueva dictadura. En 2007 la deuda externa del país era de 3,415.3 millones de dólares, pero hasta agosto del presente año aumentó en casi el doble, llegó a 6,616.3 millones de dólares.

Nicaragua no es el único país de América Latina y el Caribe que ha incrementado su deuda externa, en los últimos años. Este es un problema general en la región, según la Cepal (Comisión Económica de las Naciones Unidas Económica para América), la cual ha informado que en el año 2016 se registró el mayor índice de endeudamiento en relación con el Producto Interno Bruto (PIB), desde 2003, cuando alcanzó su máximo histórico.

Sin embargo, el problema del endeudamiento no es igual para todos los países, depende de qué país se endeuda y con qué fines. Por ejemplo, México, Colombia y Chile incrementaron sus deudas externas para financiar proyectos de crecimiento y desarrollo, según la información de la Cepal. Pero otros países se endeudan desmedidamente para financiar proyectos que no son productivos, como las estrategias populistas de clientelismo electoral y aumento de los aparatos burocráticos y represivos, como es el caso de Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega.

En cualquier caso todas las deudas se tienen que pagar, con los debidos intereses que no siempre son concesionales o favorables. Y si el endeudamiento es para gastos improductivos, lo que se consigue como se dice popularmente es pan para hoy y hambre para mañana.

En Nicaragua la experiencia del endeudamiento externo ha sido dramática y catastrófica. Cuando los sandinistas derrocaron a la dictadura somocista en julio de 1979 y tomaron el poder para instaurar una nueva dictadura, Nicaragua prácticamente no tenía problema de deuda externa. Al caer el régimen de Anastasio Somoza Debayle la deuda externa era de 1,579.8 millones de dólares.

Sin embargo, cuando Daniel Ortega entregó el gobierno a doña Violeta Barrios de Chamorro, en abril de 1990, le dejó una desmesurada deuda de 10,715 millones de dólares.

Al costo de grandes sacrificios que eran saboteados sistemáticamente por Daniel Ortega y el FSLN, el gobierno de doña Violeta logró reducir considerablemente la deuda externa y el último gobierno de la democracia, que fue el de don Enrique Bolaños, la siguió reduciendo hasta dejarla en menos de 3,500 millones de dólares.

Ahora, la deuda externa que el régimen dictatorial ha elevado a más de 6 mil millones de dólares seguirá creciendo mientras Ortega permanezca en el poder. La restauración de la democracia es indispensable para salvar a Nicaragua también de una nueva catástrofe económica, como la que sufrió en los años ochenta del siglo pasado con la anterior dictadura sandinista.

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