La guerra de Daniel Ortega

Continuando la violencia verbal de la dictadura desatada desde la caída de Evo Morales en Bolivia, ahora ha sido el mismo Daniel Ortega quien ha hablado de guerra contra sus adversarios y de que es legítimo que los revolucionarios de América Latina recurran a la lucha armada para tomar el poder.

Ortega dijo esas barbaridades en la reunión de representantes de la alianza intergubernamental socialista denominada Alba, que el jueves pasado se reunió de emergencia en Managua para analizar la caída de Evo Morales y trazar planes para tratar de revertir la situación política de Bolivia.

Ortega aseguró que los movimientos revolucionarios de extrema izquierda, a los que pertenece el FSLN de Nicaragua, dejaron a un lado la estrategia de la lucha armada para tomar el poder que utilizaron en las décadas sesenta y setenta del siglo pasado, y en sustitución apostaron al recurso electoral.

Lo que no dijo Ortega es que para ellos las elecciones son un recurso instrumental para tomar el poder y quedarse allí por siempre, no para que la gente elija cada cierto tiempo a sus gobernantes y se practique la alternabilidad en el ejercicio del poder.

La lucha armada para tomar el poder que fue impulsada desde Cuba y practicada por los movimientos revolucionarios de América Latina, fracasó en todas partes, salvo en Nicaragua donde los sandinistas triunfaron gracias a los gobiernos democráticos de la región que apoyaron al FSLN en la guerra que estaba librando con el respaldo económico, material y logístico cubano, de la Unión Soviética y otros países comunistas de Europa Oriental.

Después de la caída del comunismo en la Unión Soviética y los países del Este europeo, los movimientos comunistas y revolucionarios de extrema izquierda en América Latina cambiaron su estrategia para la toma del poder. Renunciaron a seguir utilizando la lucha armada —salvo en lugares excepcionales, como Colombia— y escogieron la vía electoral que por los principios y normas esenciales de la democracia no excluye a nadie de la participación, ni siquiera a sus mortales enemigos, los que utilizan las elecciones para tomar el poder y luego socavar y destruir el sistema político democrático.

La extrema izquierda no se hace democrática porque usa el mecanismo electoral de la democracia para alcanzar el poder. Después que consigue su propósito solo permite elecciones libres cuando está segura de contar con el voto de la mayoría de la población; en caso contrario recurre al fraude y a la represión criminal para seguir detentando el poder.

Según expresó Daniel Ortega en la reunión de los cancilleres del Alba, después de lo ocurrido en Bolivia es válido volver a la guerra, a utilizar la lucha armada en vez de las elecciones para conquistar y mantener el poder en toda América Latina y el Caribe.

Lo que no dijo Ortega es si esa recomendación es válida también para la oposición nicaragüense. Pero aunque lo dijera, la oposición no hará caso a los desvaríos del dictador de Nicaragua. Aquí está claro que la vía para recuperar la democracia es la de elecciones libres, honestas y supervigiladas.

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