La guerra de las fotografías

Raúl y Fidel Castro junto Crescencio Pérez (d) en la Sierra Maestra (Foto: El Mundo)

LA HABANA, Cuba. – Si algo demuestra que la guerra de Fidel y Raúl Castro en la Sierra Maestra tiene gato encerrado es la razón por la cual se le llama “la guerra de las fotografías”.

En los años que duró dicha contienda, que recoge una amplia colección de fracasos, se tomaron -según cálculos confiables- cientos de imágenes.

El primero de esos fracasos de la llamada “revolución triunfante”, con una gran cantidad de asaltantes muertos o condenados a prisión, fue el ataque al Cuartel Moncada.

Le sigue el desembarco del yate Granma, el 2 de diciembre de 1956. Entrevistado por el periodista Ignacio Ramonet, Fidel confesó que hubiera ganado la guerra en siete meses, pero como no sabía nada de marinería y mucho menos de navegación, estuvieron a punto de zozobrar: no desembarcaron sus 82 hombres, tampoco el desembarco ocurrió en el lugar propicio, ni pudo contar con los fusiles de mirilla telescópica que se perdieron.

“Nos atacan por sorpresa ―dijo― tres días después. Yo me quedé solo con dos compañeros (Faustino Pérez y Universo Sánchez) y dos fusiles. Como estaba furioso, di una orden equivocada sin percatarme del peligro. Ametrallaron nuestro matorral. Viví los momentos más dramáticos de mi vida”.

Dos semanas más tarde llegó Raúl y en pocos días se sumaron varios campesinos, algunos prófugos de la Justicia, como Crescencio Pérez, hasta llegar a 12 hombres. Actuaban de acuerdo a la táctica de la guerra de guerrillas, aprendida en México por el general español Alberto Bayo: atacar y replegarse sin una base territorial permanente, más conocida como una guerra de “muerde y huye”.

La primera escaramuza -tal como dijo a Ramonet- ocurrió el 17 de enero, 46 días después del desembarco, con apenas 19 hombres, contra una patrulla mixta de soldados y marinos desprevenidos y considerada por Fidel como un combate “pequeño pero simbólico”. Cinco días después, los rebeldes lograron que un pelotón de paracaidistas cayera en una emboscada, donde murieron cinco hombres enemigos y se ocupó un fusil Garand con todas sus balas.

A partir de ese momento, comenzaron a hacerse fotografías con un claro propósito propagandístico. Las primeras fueron las del periodista estadounidense Herbert Mathews, víctima de una historia falsa sobre el número de expedicionarios ―19 en total―, para dar cobertura internacional a la lucha antibatistiana.

Cada una de esas fotos se guardan en los archivos del Comité Central del Partido Comunista, al que solo tienen acceso periodistas acreditados y obedientes que “informan” a capricho de la cúpula gubernamental.

Resulta curiosa esa exagerada abundancia de fotos, puesto que, según cronologías prestigiosas consultadas, sólo ocurrieron pocas escaramuzas en aquellos primeros tiempos, como la batalla del Uvero, seis meses después del desembarco, cuando ya tenían 30 hombres armados.

¿Eran aquellas batallas propias de una guerra o se trataba de ataques sorpresivos en medio de la madrugada llevados a cabo por un grupúsculo de hombres armados disparando contra militares dormidos y semidesnudos?

El principal objetivo era arrebatar armas, parque y escapar, hechos históricos que Raúl Castro califica de “páginas victoriosas del Ejército Rebelde que marcaron mayoría de edad y categoría de tropa experimentada”.

Ese nutrido álbum de fotos de la guerra demuestra que todo no fue como lo contaron sus protagonistas y alabarderos.

Claro que no se trató de una excursión alegre por las montañas, más bien fue la historia de un grupo de hombres que esperaban el derrocamiento de una dictadura, mientras cada momento de la espera era merecedor de una fotografía para demostrar que luchaban: durmiendo en bohíos o a la intemperie, en grupo que posa levantando los fusiles en señal de victoria, un Fidel acostado en una hamaca en pleno día escribiendo con toda la tranquilidad del mundo.

Ni siquiera se sabe quiénes son los autores de dichas fotos, si practicaban el hobby de la fotografía o si fueron orientados para tomar las imágenes con sus camaritas de fabricación estadounidense, muy fáciles de usar. De todas formas, sea como sea, la historia verdadera de una guerra con tantas fotos, hechas mayormente a los hermanos Castro, todavía está por conocerse.

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