La unidad de la oposición

En los pocos medios independientes de comunicación que sobreviven en el país, en los que se puede expresar diversas opiniones, se discute intensamente sobre la supuesta falta de unidad en la oposición y ausencia de una alianza electoral que, según dicen algunos, ya debería estar formada aunque no haya elecciones a la vista.

La acalorada discusión entre algunos adversarios de la dictadura por la supuesta falta de unidad de la oposición, causa alegría a los propagandistas partidarios de la dictadura que creen y pregonan que los opositores nunca podrán unirse.

Pero esto es un “alegrón de burro”, como se dice popularmente de aquella alegría inconsistente y efímera, que pronto se vuelve amargura porque el supuesto que la motivó no era verdad.

En realidad, la oposición a la dictadura está unida y desde hace tiempo. Se unió cuando ocurrió el estallido social de abril del año pasado y se fortaleció con el repudio generalizado a la despiadada matanza que perpetró el régimen orteguista para aplastar la sublevación popular cívica y seguir en el poder.

La unidad opositora no significa únicamente que tales o cuales movimientos sociales y políticos se unan en una sola organización. Eso sería apenas una formalidad del hecho real de que todos los nicaragüenses que se identifican como ciudadanos azul y blanco, y por lo tanto son opositores, están unidos en base de dos poderosos sentimientos.

Uno es el odio inmenso y el rechazo irrevocable a la dictadura. El otro es el anhelo y el propósito de que Nicaragua vuelva a ser república, o sea, un país con libertad y democracia sostenida en los pilares de las elecciones libres, la alternabilidad en el poder, la rendición de cuentas, el Estado de derecho y la justicia institucional y social.

Esa unidad ya está lograda y no fue convocada por nadie, ella misma se autoconvocó. Lo que falta es que la gran unidad nacional sustentada en sentimientos y propósitos comunes, sea acompañada por una amplia alianza electoral para poder derrotar a la dictadura en elecciones limpias, inclusivas y observadas, que son indispensables como paso inicial para abrir el camino hacia la nueva transición a la democracia en Nicaragua.

Es muy difícil, aunque no sea imposible, formar una alianza electoral mientras no haya certeza de la fecha y la credibilidad de las elecciones. Pero en todo caso, se puede decir con toda seguridad que si la dictadura aceptara adelantar las elecciones, con las debidas garantías legales y condiciones políticas que permitan la participación opositora, inmediatamente se conformaría la gran alianza electoral democrática. Y si las elecciones con tales garantías indispensables e irrenunciables se realizaran hasta en 2021, pues a su debido tiempo la gran alianza electoral sería una realidad.

La mayoría de la gente ya tomó la decisión de ser libre, vivir en democracia y tener paz con justicia. La cerrazón política y la represión sistemática de la dictadura solo motivan a los nicaragüenses a reafirmar esa decisión firme e irreversible.

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