Las banderas del Ejército

El Ejército de Nicaragua tiene dos banderas, la Nacional y la de la misma institución armada creada durante la comandancia del general Omar Halleslevens, ahora diputado suplente a la Asamblea Nacional y ministro para cualquier asunto que le ordene el titular del Ejecutivo.

Estas dos banderas son las únicas que deben presidir los actos oficiales del Ejército. Sin embargo en los actos militares en los que participa Daniel Ortega se pone la bandera del partido FSLN junto a la Bandera Nacional. La única explicación oficial de esta anomalía la ha dado el ex inspector general del Ejército y ahora general en retiro, Adolfo Zepeda, quien el 11 de febrero de 2015 dijo a los periodistas que esa bandera, la del FSLN, es un “símbolo oficial” del gobierno. Pero eso es falso.

La más reciente ocasión en la que la bandera del partido sandinista se ha exhibido en un acto militar, al lado de la Bandera Nacional, fue el 11 de diciembre en la décimo tercera graduación de cadetes. Esta confusión Estado-Partido-Ejército fue común durante la dictadura sandinista de los años ochenta del siglo pasado, pero ahora es inconstitucional, desde que en los años de la democracia se reformó la Constitución y el Ejército dejó de llamarse sandinista y fue profesionalizado, despolitizado y despartidarizado.

La imposición de la bandera de un partido político en los actos de la institución militar, que se acostumbra en la nueva dictadura de Ortega, viola la Constitución y ofende los sentimientos de la mayoría de los nicaragüenses, que no son partidarios del FSLN. Pero además expone al Ejército a sufrir las sanciones dispuestas por Estados Unidos (EE.UU.) contra la dictadura, por sus horrendas violaciones a los derechos humanos, la gran corrupción en todas sus esferas y la peligrosa asociación con regímenes enemigos de los EE.UU.

En este sentido, el senador republicano Marco Rubio, a quien se le considera muy cercano al presidente Donald Trump, ha advertido que “existe la gran probabilidad” de que miembros del Ejército de Nicaragua sean sancionados por sospechas de haber colaborado o permitido la represión.

El Ejército es una institución del Estado, pero por sus características no necesariamente tiene que ser parte ni cómplice de la dictadura. Los poderes legislativo, judicial, electoral y otras instituciones del Estado tienen una relación de servidumbre con el dictador Ortega, pero ese no debe ser el mismo caso del Ejército.

El Ejército tiene mucho que perder. Y no solo para evadir las sanciones estadounidenses, sino y sobre todo por respeto a su estatus constitucional, a su dignidad profesional y al honor patriótico que invoca en sus declaraciones oficiales, el Ejército no debería servir a una dictadura, ni apañarla, sino ponerse del lado del pueblo como le aconsejan todas las voces sensatas de dentro y de fuera de Nicaragua.

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