Las incongruencias del show mediático castrista

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LA HABANA, Cuba. – La prensa oficialista cubana exhibe con frecuencia una dosis de incoherencia y vacíos informativos que podrían dejar boquiabierto a cualquier observador no muy familiarizado con la realidad de la isla. Claro, a un observador con esa característica, pues si se trata de alguien apegado a la cotidianidad del país, comprende perfectamente que ese impredecible proceder mediático responde a la imagen que el régimen pretende dar de sí.

El pasado 7 de junio el periódico Juventud Rebelde publicó un artículo del señor Jorge Quesada Concepción, actual embajador cubano ante la Santa Sede, titulado “85 años de relaciones diplomáticas ininterrumpidas entre Cuba y la Santa Sede”. El articulista menciona los nombres del cardenal que firmó el documento por la parte vaticana (llegaría a ser posteriormente el Papa Pío XI), así como el primer Nuncio Apostólico en Cuba. Pero por ninguna parte aparecen los nombres del presidente cubano de entonces (año 1935), ni del primer embajador cubano ante la Santa Sede.

De igual manera, para el señor Quesada lo único relevante en estos 85 años de relaciones, además, por supuesto, de las tres visitas papales a Cuba, fueron las visitas al Vaticano realizadas por Fidel y Raúl Castro. Todo lo que se hizo en dichas relaciones durante un cuarto de siglo de vida republicana no tiene ninguna importancia para este diplomático castrista. Evidentemente, todo en el contexto de negar los valores de la etapa republicana.

Por otra parte, el ciudadano de a pie quisiera una mayor información sobre la reciente acción en la unidad policial del habanero poblado de Calabazar, en la que resultó muerto en el lugar un agente policial. La prensa oficialista, mediante un comunicado oficial del Ministerio del Interior, se limitó a decir que el asaltante fue “un individuo de pésima conducta social y antecedentes penales”, el cual fue capturado cinco horas después del suceso. Después de eso, ni una palabra más del hecho. No se sabe, entre otras cosas, cómo acontecieron los funerales del policía fallecido, ni la evolución del que resultó gravemente herido (algunas fuentes anunciaron su fallecimiento).

Lo anterior contrasta con la amplia cobertura informativa que se le brindó en enero de 1992 a los sucesos en la base náutica de Tarará, cuando en un enfrentamiento entre un grupo de personas que pretendían salir del país, y los custodios del lugar, resultaron muertos varios de estos últimos.

Durante varias semanas los cubanos recibimos un parte diario por la televisión —como mismo sucede ahora acerca de la marcha del coronavirus— sobre el estado de salud del policía Rolando Pérez Quintosa, el único custodio que no falleció en el momento de las acciones.

¿A qué atribuir el doble rasero en el tratamiento mediático entre estos dos hechos?  Una interrogante difícil de responder.  Aunque pudo tratarse, en aquella ocasión, de desestimular las salidas ilegales del país.

¿Y qué decir ahora del recibimiento con bombo y platillo que le acaban de ofrecer a la brigada médica cubana que prestó servicios en la región italiana de Lombardía?  Las cámaras de la televisión siguieron el itinerario del avión desde mucho antes de sobrevolar el territorio nacional, y ya en Cuba, Díaz-Canel interrumpió una reunión que sostenía con varios de sus ministros para pronunciar un discurso en honor de los médicos llegados al país. Al final, simpatizantes del gobierno se agruparon en las calles por donde pasaría la caravana de médicos con tal de saludarlos.

Nunca antes había sucedido nada igual con el regreso al país de ninguna otra brigada médica. Entonces, se preguntan muchos, ¿por qué ahora este show?

De momento se nos ocurre pensar que el gobierno tratara de desmentir algunos rumores que circulan, en el sentido de que los médicos cubanos eran echados de varias naciones.

Mas, sea de una u otra manera, lo cierto es que ese dispar tratamiento mediático que suele brindar el castrismo no hace más que deteriorar la credibilidad de una prensa en la que ya nadie confía.

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