Las inequívocas señales de otra Primavera Negra

Policía política cubana en tareas de vigilancia (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – El aplazamiento del juicio a Luis Manuel Otero no es para nada un signo de cordura y mucho menos de obsecuencia por parte del régimen de La Habana con unos de los artistas independientes más osados y comprometido en la defensa del arte libre, sin importarle las consecuencias, como ha manifestado públicamente en varias ocasiones.

Se trata de un impasse en la estrategia de descabezar al movimiento de San Isidro, formado por un grupo de artistas y literatos, que se organizaron tras el anuncio del decreto 349 que criminaliza el desempeño de los que no pertenecen a ningunas de las instituciones oficiales que tienen que ver con el ámbito de la cultura.

Luis Manuel es uno de sus fundadores, la cara más visible, además de carismático y protagonista de una labor artística cuestionadora de la realidad cubana, a partir la escultura y el performance.

Su arte, enfilado a la crítica del poder absoluto, lo ha condenado a una persecución implacable por parte de las fuerzas represivas.

Era de esperar que la larga secuencia de detenciones arbitrarias y secuestros, culminara con un juicio sumario abreviado, tal como lo anunciaron sus victimarios, suspendido hasta nuevo aviso, lo cual indica que la condena tarde o temprano, será firme, independientemente de la parodia judicial que suele instrumentarse para darle un barniz de credibilidad a este tipo de procedimientos solo posibles dentro de los márgenes de una dictadura con más de seis décadas al frente del país.

La creciente ola de rechazos, dentro y fuera de Cuba, de decenas de artistas frente a este abuso, algunos directos y cuestionadores y otros más tibios, sientan un precedente, pero no estoy seguro de que obliguen a la autocracia insular a hacer un mea culpa ni tampoco que lo liberen sin aplicarle ningún castigo.

Ciertamente, la adhesión de renombradas figuras a la protesta por el arresto y encarcelamiento preventivo de Luis Manuel, que han sido defensores a ultranza de las políticas del régimen, tales como el cantautor Silvio Rodríguez y el exponente de la plástica, Alexis Machado (Kcho), podría ser el inicio de la redefinición de algunos patrones de conducta de esos artistas que han optado por la adhesión rastrera o por el silencio cómplice.

También pudiera ser una postura meramente circunstancial, nada que inspire a pensar en la defensa de un arte fuera del monopolio del Estado, no obstante, en estos momentos representan puntos a favor de un joven que ha tenido el valor de romper los códigos de la censura una y otra vez.

Hay que mantenerse al tanto de los acontecimientos alrededor de este caso, que no es único ni será el último. La represión se incrementa cada día. Acabar con la oposición pacífica y la sociedad civil independiente, parece ser el objetivo a alcanzar antes de que termine el año en curso.

Basta una ojeada por las incidencias de los últimos seis meses para darse cuenta que la cosa va en serio.

Multas, detenciones, condenas carcelarias, actos de repudio, secuestros, amenazas, se aplican rutinariamente. Cada semana se cuantifican uno o varios eventos, asociados a lo que algunos ya tildan de una segunda Primavera Negra, por la sistematicidad y el rigor de los actos represivos.

En aquella de marzo de 2003, fueron tres días de arrestos y poco más de un mes para que salieran a la palestra las draconianas sanciones a prisión en los falsos procesos judiciales.

Ahora, los represores apuestan por tácticas menos espectaculares, pero con la misma finalidad.

Sin suficientes apoyos de gobiernos democráticos y de entidades adscritas al sistema de las Naciones Unidas, encargadas de velar por el respeto de los Derechos Humanos, la situación se torna favorable para los represores.

Dentro de Cuba, reina la apatía y el miedo. Pocos, diría que poquísimos, se suman al reto de luchar por un cambio. Prefieren entregar algunas migajas de solidaridad desde lejos y generalmente con máxima discreción.

Aún piensan que los que exigen sus derechos a cara descubierta son locos, kamikazes o muy ingenuos. Con esa visión del contexto, no es fácil la tarea de avanzar en medio de la tormenta.

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