Memoria histórica y dictadura

En un significativo meme de internet se dice que “la memoria histórica es el antídoto contra la amnesia de la justicia”.

Esto es cierto y a nuestro juicio es el sentido y razón del Museo de la Memoria contra la Impunidad, que las madres y familiares de las víctimas de la matanza perpetrada por la dictadura en el contexto del alzamiento estudiantil y las protestas populares de abril del año pasado, han instalado en la sede del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNC) de la UCA.

El propósito es que los hechos y los nombres de las víctimas de abril no se borren de la memoria a fin de que se les pueda hacer justicia, no importa cuanto tiempo tenga que pasar hasta lograrla.

Al respecto Francis Valdivia, una de las dirigentes del Movimiento de las Madres de Abril, precisó en la inauguración del Museo que el objetivo es “dignificar y reivindicar” la memoria de los asesinados por la dictadura; y contrarrestar “la narrativa oficial que criminaliza a los ciudadanos que participaron en las protestas cívicas y que propicia el clima de impunidad en el régimen actual”.

Durante los casi 200 años transcurridos desde la Independencia Nacional hasta nuestros días, la historia política de Nicaragua ha estado marcada por la violencia fratricida que ha dejado tendaladas de muertos en el camino. Pero es hasta ahora que se hace un esfuerzo institucional no partidista para preservar la memoria histórica de las víctimas, la cual es indispensable para que se pueda hacer justicia como es debido y castigar de acuerdo con la ley nacional e internacional a los asesinos y sus cómplices.

El concepto político y jurídico de la memoria histórica es relativamente nuevo y en los últimos años se ha adoptado y aplicado en diversos países, que fueron asolados por crueles y criminales dictaduras, para recordar de manera permanente a las víctimas pero sobre todo para hacerles justicia.

No se trata de sustituir la historia con la memoria histórica, como advirtió el historiador británico de origen judío, Tony Judt, fallecido en 2010. Se trata de que los pueblos, las naciones y los ciudadanos tienen el deber político y moral de recordar y honrar a las víctimas de las dictaduras, pero también de procurar que se les haga justicia, que los daños materiales y morales sean reparados y que no haya repetición.

“Los que olvidan su historia están condenados a repetirla”, dice la emblemática frase atribuida a distintos personajes históricos, desde el pensador latino de la antigüedad, Cicerón, hasta el filósofo estadounidense de origen español George Santayana.

En Nicaragua la historia oprobiosa y sangrienta de las dictaduras se ha repetido una y otra vez, pero sus crímenes han sido perdonados y olvidados mediante amnistías dictadas para olvidar y evadir la justicia.

Tal vez ahora la matanza de abril sirva para entender que la memoria histórica es indispensable y que nunca más se debe permitir la instauración de otra dictadura.

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