Muerte de la bebé Paloma: redes sociales obligan al régimen a dar la cara

LA HABANA, Cuba. – La triste noticia de la muerte de una niña cubana, aparentemente por causa de la aplicación de la vacuna PRS (Parotiditis-Rubeola-Sarampión), ha sacudido las redes sociales. Ese hábito de publicar hasta los asuntos más personales no deja de parecerme chocante, y así se lo hice saber a mi esposa, quien me respondió: “¿y adónde puede acudir la gente para que alguien de la cara?”. Dicha lógica es, al parecer, compartida por millones de cubanos que ven en el acceso a Internet una herramienta para obligar a la dictadura a responder ante la opinión ciudadana, dada la crisis institucional que no entiende de reclamos.

Hay cuestiones especialmente delicadas para el régimen, como el bienestar de los niños y el prestigio del sistema de Salud Pública. El revuelo causado por la muerte de la pequeña Paloma Domínguez Caballero ha dado cabida a diversas opiniones. Quizás se trate de un hecho aislado, porque a decir verdad, en mis 40 años de vida jamás he escuchado que haya muerto un niño cubano por una vacuna, hasta hoy.

Sin embargo, el caso de Paloma se produce en un contexto en el cual han aumentado las denuncias de muertes por negligencia médica; y aunque tales acusaciones son muy difíciles de probar, ya el pueblo no niega tajantemente que estas cosas ocurran solo porque estamos en Cuba, autoproclamada potencia médica por el propio Fidel Castro.

La medicina cubana está bajo la lupa, como debería estarlo también la empresa farmacéutica que vendió la vacuna. Recién han comenzado las investigaciones para saber si el lote estaba vencido, si hubo mala manipulación, si fue sabotaje o incluso si se trató de una desafortunada reacción de la niña a alguno de los componentes de la vacuna. El régimen pudiera echar mano de cualquier argumento para esquivar la responsabilidad, como ha procurado hacerlo con el avión desbaratado que alquiló a Global Air y que se desplomó en mayo de 2018, matando a 112 personas.

En el caso de la pequeña Paloma, las reacciones han obligado a Miguel Díaz-Canel a transmitir un pésame de dudosa honestidad, cinco días después de denunciado el hecho por la prensa independiente y puesto en jaque por la madre de la víctima, que aseguró no haber recibido ni un solo pronunciamiento por parte del gobierno cubano.

No se ve bien que un gobernante que “tuitea” hasta por gusto con sus pueriles hashtags, haya olvidado enviar siquiera un mensajito, brevísimo, a la dolida madre que acaba de perder a su hija debido a una vacuna aplicada por una enfermera revolucionaria, en un policlínico revolucionario, en esta Cuba aplastada por su Revolución. ¿Cómo se le pudo pasar semejante gesto solidario y compasivo a este dirigente populista, cibernauta comprometido y botellero que dice preocuparse por el pueblo?

El acceso a Internet puede volverse fácilmente un arma de doble filo. No obstante, es la mejor arma de que dispone un pueblo despojado de sus derechos, porque de no existir las redes sociales, esa madre hubiera tenido que tragarse su dolor a solas. Ante cualquier instancia le habrían dado un portazo en la cara sin piedad. Y puede que lo hagan, porque en Cuba la última palabra es del régimen, que controla el sistema de Salud Pública sabiendo que los padres no tienen derecho a abogados independientes que esclarezcan el asunto para determinar dónde recae la responsabilidad, y por supuesto, reclamar la justa indemnización para los deudos.

No se compensaría con ello la pérdida; pero evitaría que los culpables quedaran impunes y obligaría a revisar los protocolos para la administración del fármaco. No es menos cierto que casos como el de Paloma ocurren en cualquier parte del mundo; pero en todas partes, menos en Cuba, los padres tienen acceso a asesoramiento jurídico confiable e imparcial durante un proceso que suele ser engorroso.

A los padres de Paloma les harán llegar, si acaso, una conclusión que deberán aceptar sin cuestionamientos. Bastante ha hecho el régimen con reconocer públicamente el suceso y especificar que la vacuna proviene de la India, uno de los mayores productores y exportadores de vacunas del mundo, aunque, paradójicamente, mantiene un tercio de su población infantil sin inmunizar contra enfermedades prevenibles como el sarampión y la rubeola.

También es cierto que se ha politizado mucho la tragedia, y se ha procurado generalizar o convertir un hecho en tendencia a partir de este incidente particular. Para el régimen, dicha conducta es propia de los “enemigos de la revolución”; pero si vamos a ser justos, hay que decir que la propia dictadura nos ha acostumbrado a politizarlo todo.

Así hemos crecido, viendo politizar cada aspecto de la vida cotidiana; siempre con opiniones parcializadas y tan obviamente manipuladoras, que no dan cabida al humanismo ni la ética. Como dice el refrán: “donde las dan, las toman”.

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