No pueden matar la verdad

El dramaturgo griego de la antigüedad, Esquilo (525-456 antes de Cristo) sentenció que “la verdad es la primera víctima de la guerra”.

Es cierto. En nuestra época, la primera víctima de la guerra es la información veraz, los medios de comunicación independientes, y sobre todo los periodistas, a quienes en muchos casos hasta los matan para impedir que informen la verdad.

Esto ha vuelto a ocurrir en Nicaragua desde el 19 de abril, cuando la dictadura de Daniel Ortega declaró la guerra a los estudiantes que protestaban contra una reforma antipopular al Seguro Social, con saldo de entre treinta y más de sesenta muertos, según organismos de derechos humanos, numerosos heridos y varios desaparecidos.

Ha sido una guerra de cobardes armados contra valientes desarmados. De policías, guardias antimotines y paramilitares equipados con instrumentos de muerte, contra muchachas y muchachos inermes que a lo sumo se han podido defender con piedras y palos.

Además de los estudiantes, en esta guerra también han sido víctimas los medios de comunicación y los periodistas que informan la verdad. El régimen orteguista ha censurado medios de comunicación, sus policías y paramilitares han agredido salvajemente a periodistas y les han robado sus equipos de trabajo. Inclusive, las fuerzas represivas asesinaron al periodista Miguel Ángel Gahona. De la misma manera que la guardia somocista asesinó al periodista estadounidense Bill Steward, el 20 de junio de 1979, cuando cubría la insurrección sandinista en los barrios orientales de Managua, Gahona fue asesinado en la ciudad de Bluefields cuando informaba sobre los disturbios y la represión orteguista.

La periodista de LA PRENSA, Elízabeth Romero, escribe en una nota informativa publicada ayer, que “los periodistas y los medios de comunicación del país pagaron un alto costo de sangre y dolor durante la cobertura de las protestas contra las ya derogadas reformas a la seguridad social”.

En efecto, además del asesinato de Gahona, los paramilitares agredieron a periodistas de 100% Noticias y les robaron una cámara de televisión. A Julio César López, reportero de Onda Local, lo golpearon brutalmente en la cabeza. Los periodistas de Confidencial, Carlos Herrera y Néstor Arce, fueron agredidos por las turbas motorizadas. La misma suerte corrieron el fotorreportero Alfredo Zúñiga y los periodistas de LA PRENSA Wilmer López, Ivette Munguía Julio Estrada, Leonor Álvarez y Uriel Molina, quien no solo fue agredido sino también despojado de su cámara fotográfica por las turbas armadas.

Aparte de los periodistas, también los medios de comunicación han sido víctimas de la guerra orteguista contra los estudiantes y el pueblo. El medio de televisión 100% Noticias fue censurado y sacado del aire durante una semana. Otras cuatro empresas televisivas fueron silenciados por orden gubernamental, pero por menos tiempo. Radio Darío, de León, fue incendiada y destruida totalmente y, en Managua, Radio Corporación ha sido amenazada. Sin embargo, en este recuento también hay que reconocer el gesto admirable de los 15 periodistas de medios oficialistas, que han renunciado a sus empleos por dignidad y en solidaridad con los estudiantes.

Las dictaduras pueden asesinar periodistas, censurar y destruir medios de comunicación. Pero no pueden matar la verdad, ni la dignidad, ni las ansias de libertad.

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