Noches y días de tortura

Algunos presos políticos excarcelados con la condición de casa por cárcel, han denunciado las torturas que ellos sufrieron y que se practican sistemáticamente en las cárceles de la dictadura.

Estas revelaciones confirman los reportes de los organismos internacionales de derechos humanos, acerca de que en Nicaragua se tortura a los presos políticos además de que las condiciones carcelarias “son desproporcionadas e inhumanas”, como lo denunció Inacio Faria, uno de los diputados europeos que pudieron visitar las cárceles de Tipitapa y La Esperanza en enero pasado.

Human Rights Watch, uno de los principales organismos internacionales no gubernamentales que velan por los derechos humanos en el mundo, señaló en su informe anual publicado en enero de este año que “oficiales de la Policía Nacional sometieron a manifestantes a abusos que, en algunos casos, constituyeron tortura, como golpizas, simulacros de ahogamiento, descargas eléctricas y violación sexual”.

Por su parte, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que investigó la violencia ocurrida en el país entre el 18 de abril y el 31 de mayo de 2018, constató numerosos casos de torturas, violaciones sexuales, tratos crueles, inhumanos y degradantes cometidos por las fuerzas represivas de la dictadura contra los prisioneros políticos.

En tiempos de la dictadura somocista y de la dictadura sandinista de los años ochenta, también se torturaba a los presos políticos. Pero a juzgar por los testimonios de las víctimas de ahora, esa práctica inhumana es peor actualmente, bajo la dictadura de Daniel Ortega.

De la época somocista quedaron dos impresionantes libros testimoniales sobre la tortura, Estirpe Sangrienta, los Somoza, del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal; y Noches de Tortura, del político conservador y médico Clemente Guido Chávez, quienes sufrieron en carne propia las brutales torturas en las mazmorras de los Somoza. En la actualidad, seguramente habrá también víctimas y escritores que documenten literariamente las torturas en la dictadura orteguista, para perpetuar en la memoria histórica ese cobarde e imperdonable crimen de lesa humanidad.

El doctor mártir de LA PRENSA, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en su editorial del 13 de diciembre de 1971 titulado Si de torturas se trata…, calificó la tortura como “una aberración mucho más abominable que cualquiera otra”.

El artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada el 19 de diciembre de 1948, establece que nadie “será sometido a tortura ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Y la Constitución de Nicaragua, en su artículo 36 no solo garantiza que nadie “será sometido a torturas, procedimientos, penas ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes”, sino que también asegura que “la violación de este derecho constituye delito y será penado por la ley”. Pero esto es un sarcasmo porque los encargados de aplicar la Constitución y la ley son los mismos que ordenan torturar a los presos políticos.

La tortura es una vergüenza de la humanidad que no debería quedar sin castigo. Y después que termine la dictadura orteguista, nunca más debería volver a ocurrir en Nicaragua.

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