Otra farsa del gobierno cubano

Juan del Pilar Goberna, junto a periodista independiente (foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba.- Celebrar en Cuba, del 13 al 17 de marzo de este 2017, la VI Conferencia de la Red Latinoamericana de Organizaciones no Gubernamentales de Personas con Discapacidad y sus Familias (RIADIS), por los resultados obtenidos en la atención e inclusión a esas personas, solo es posible porque los medios de difusión están en poder del Estado y no publican la verdad sobre el triste panorama al que se enfrentan día a día las personas con discapacidad.

Casi seguro que los más de 200 delegados de una veintena de naciones de América Latina, España, Estados Unidos y Canadá, no están ajenos a que en Cuba tanto la Asociación Nacional de Ciegos (ANCI) como la de Sordos e Hipoacúsicos (ANSOC) y la de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM) son organizaciones gubernamentales, y por lo tanto responden a los intereses del gobierno, y que además de recibir pocos recursos para ofrecer apoyo a sus miembros, tampoco hay una política coherente para la atención de los derechos de las personas con discapacidad.

Por solo citar un caso reciente que demuestre lo anterior, Juan Goberna, un opositor pacífico que se quedó ciego, solicitó su ingreso a la ANCI y le fue denegado. Al preguntar cuál era la causa, le dijeron que era por ser “contrarrevolucionario”. Aunque Juan ha pedido los estatutos de la organización, solo ha recibido evasivas.

Muchos discapacitados viven sumidos en la pobreza, si bien es cierto que desde la década de los setentas fue elaborado un programa dirigido a su integración económica y social, para lo cual fueron creados algunos talleres especiales de las industrias locales, con la finalidad de que se incorporaran al trabajo. Sin embargo, como ha sucedido en otras ocasiones, este proyecto no se desarrolló, según las autoridades, por la compleja situación económica y financiera que vive el país. Me comentaba un débil visual que trabajó en uno de estos centros, que lo dejó por el bajo salario, que no le alcanzaba para comer. Ahora se dedica a vender pastas alimenticias (fideos y coditos) clandestinamente.

Algunos discapacitados reciben míseras pensiones, y en muchos casos para su sustento son ayudados por su familia. Otros sobreviven vendiendo por las calles, y así los vemos anunciando con cautela su mercancía. Y es que su situación los hace más vulnerables ante policías e inspectores pues sus limitaciones físicas frecuentemente les impiden percibir la presencia de estos.

Hace unos días un sordo que pasa con frecuencia vendiendo ajo, no se percató de la cercanía de un policía. Por suerte para él, cuando el vigilante se dio cuenta de que era sordo, se sensibilizó y le hizo señas de que se fuera.

En el transcurso del mencionado evento internacional, Mabel Ballester, presidenta de la ACLIFIM, declaró a la televisión: “Esto es lo que hacemos en Cuba: nos dan las herramientas para poder integrarnos y ser productivos y útiles a la sociedad”.

Sin lugar a dudas, para alcanzar lo dicho por la Sra. Ballester, hacen falta, más que palabras, acción. Mucho se pudiera lograr con mayor atención del gobierno: facilitar los medios para que los ciegos puedan aprender a leer y escribir en Braille; reabrir el Centro Nacional de Rehabilitación de Ciegos y Débiles Visuales, en Bejucal, que lleva nueve años cerrado para reparación; eliminar las barreras arquitectónicas, incluir servicio de interpretación de lengua de señas en la programación televisiva y lugares públicos como hospitales y farmacias, etc. La lista sería larga.

En este evento, según la propaganda gubernamental, Cuba mostraría “logros en inclusión a personas con discapacidad”, y la gran farsa terminaría con el elogio de la presidenta de RIADIS, Ana Luisa Arellano, de Ecuador. Mientras, los discapacitados cubanos continuarán sumidos en la pobreza y el abandono.
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