Otra vez, Navidad sin presos políticos

Las madres de los presos políticos han convocado a una nueva campaña Navidad sin Presos Políticos, respaldadas por los diferentes movimientos sociales y políticos de la resistencia democrática contra la dictadura.

También el año pasado se hizo campaña por una Navidad sin presos políticos, pero no se pudo lograr ese justo y noble objetivo. Fue hasta entre fines de febrero y junio de este año que pudieron salir de las cárceles centenares de presos políticos, bajo distintas figuras legales como régimen de convivencia familiar, casa por cárcel e inclusive amnistía.

Por la maldad gubernamental quedaron en prisión casi cien presos políticos y los que salieron no obtuvieron plena libertad, no solo porque Nicaragua es una gran cárcel para todos los nicaragüenses —inclusive para los carceleros, aunque ellos mismos no lo sepan—, sino también porque los excarcelados sufren permanente acoso policial y de las bandas del partido oficialista armado, el FSLN. A muchos no les han devuelto sus instrumentos de trabajo y ni siquiera les permiten vender libremente las artesanías que aprendieron a elaborar en la cárcel y que ahora producen para tratar de sobrevivir, ellos y sus familias.

Se estima que actualmente hay unos 140 reos políticos que la dictadura acusa por delitos comunes, para ocultar y negar su verdadera y honrosa condición. Cabe destacar que como presa emblemática se encuentra entre los reos políticos una sola mujer, la joven universitaria de 22 años de edad, María Guadalupe Ruiz Briceño, capturada el 13 de julio de 2019 durante una protesta cívica en la Catedral de Managua.

La campaña Navidad sin presos políticos tiene un profundo sentido humanitario, por el doloroso sufrimiento de las madres, padres y demás familiares de las personas que están hundidas en las cárceles por demandar libertad, democracia y justicia.

La gente auténticamente cristiana considera que esta campaña debería tocar el corazón del mismo Daniel Ortega, porque fue un preso de la dictadura somocista durante siete años y su madre y demás familiares sufrieron lo mismo que ahora están sufriendo las madres de los nuevos prisioneros políticos.

“Ortega arrastra con él la cárcel. En toda su vida”, señala Fabián Medina en la Introducción de su libro El preso 198, un perfil de Daniel Ortega. Por ese hecho que es tanto humano como histórico, las madres de los presos políticos tienen la esperanza de que se ablande el corazón del nuevo dictador.

Ojalá que se pudiera ablandar. Pero Ortega es un hombre insensible e implacable. No es un Nelson Mandela, quien pasó 27 años en la cárcel y antes de ser condenado a prisión dijo que soñaba “con una democracia y una sociedad libre en la cual las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades”. Mandela perdonó a sus verdugos y después de salir de la cárcel fue elegido presidente de la República de Sudáfrica, se reconcilió con sus adversarios y promovió una emocionante reconciliación racial, nacional y política, en la que se fundamenta la ahora robusta democracia de su país.

Ortega está lejos, pero muy lejos, de parecerse a un gran hombre como Mandela.

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