'Peligrosidad', 'gusanos', milicias: el origen fascista de todas estas cosas

Un riguroso estudio de las semejanzas ya no teóricas, sino prácticas, entre la dictadura castrista y los regímenes fascistas de Alemania y de Italia, dejaría a muchos boquiabiertos. No es posible abordarlas todas en un artículo, pero se pueden repasar algunas de las más relevantes.

Para empezar, la costumbre de Fidel Castro de pronunciar encendidos y bien dramatizados discursos ante inmensas muchedumbres para convencerlas del “futuro luminoso” de la patria, con él como guía, fue cosa cotidiana para Mussolini y Hitler. Documentales de la época muestran como ambos líderes fascistas enardecían a multitudes mayores que las reunidas por Fidel en La Habana. En Berlín muchas mujeres lloraban de la emoción al escuchar al Führer.

En el Código Penal castrista hay aberraciones jurídicas que fueron aplicadas por Hitler, y que Castro, un estudioso de Hitler, Mussolini y el líder falangista español Primo de Rivera, conocía bien desde que estudiaba en el Colegio de Belén.

Una de ellas es el delito de “peligrosidad social predelictiva”. En los años 30 en Alemania los fascistas fabricaron el concepto jurídico de “enemigo”, aplicado a ciudadanos no fascistas. En 1941, luego del decreto Nacht und Nebel (Noche y Niebla), en Alemania se detenía sin explicación a cualquier persona considerada “peligrosa”.

Los antecedentes de la peligrosidad social se remontan a la Roma imperial, pero fue a fines del siglo XIX y principios del XX que hizo eclosión modernamente en países europeos, con los aportes de Cesare Lombroso y otros teóricos de la Escuela Positivista italiana.

Con su “teoría del criminal nato” Lombroso pretendió demostrar que gracias a los rasgos físicos se define la naturaleza criminal. Afirmaba que hay personas predestinadas genéticamente a cometer crímenes, y que son identificables por ciertos rasgos fisonómicos como asimetrías craneales, la forma de la mandíbula, orejas, arcos superciliares, etc.

El hombre “lombrosiano”

Surgió así el concepto del hombre “lombrosiano”. Ello vino como anillo al dedo a los nazis para meter en la cárcel a cientos de miles de personas “peligrosas”, a quienes —como después en Cuba— llamaban antisociales (volksschädling) sin haber cometido delito alguno, pero que no eran fascistas. Y sobre todo se ensañaban con los judíos y otras minorías no arias.

Eran enviados a campos de concentración o asesinados, incluyendo ciudadanos delatados por comités de vigilancia fascista (los CDR nazis) por hacer simples chistes políticos, así como prostitutas, homosexuales, y “vagos” (quienes se negaban a trabajar para el Estado fascista).

En Cuba miles de jóvenes fueron enviados a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de concentración de inspiración nazi. Y otra casualidad: en los campamentos de la UMAP, cuentan testigos, había una consigna que decía “El trabajo los hará hombres”. En el campo nazi de Auschwitz (territorio de Polonia ocupado) una consigna rezaba “Arbeit macht frei”, “El trabajo os hará libres”.

El castrismo arresta mensualmente entre 350 y 450 opositores políticos y periodistas independientes, por ser “peligrosos”, sin haber cometido delito alguno. Son inocentes. Es peor que en la película Minority report (2002), de Steven Spielberg, en la que Tom Cruise es el jefe de la fuerza de policía “precrimen” en Washington DC.

En el Código Penal de los Castro, el artículo 72 parece redactado por Lombroso. Establece que es peligroso el individuo con proclividad a cometer delitos. Agrega que su conducta no se ajusta a las normas de la “moral socialista”.

Bandas paramilitares, milicias y CDR

Hitler llamó “gusanos” a los judíos, para presentarlos como gentuza inferior a la que se podía borrar de la faz de la Tierra, o avasallar. Envió millones de ellos a las cámaras de gas, o los mató de hambre.

Fidel bautizó como “gusanos” a quienes no estaban de acuerdo con él. Los presentaba como escoria social y “enemigos vendidos al imperio” que se podían humillar, expulsar del trabajo, despojar de sus propiedades, encarcelar, o fusilar. Miles fueron ejecutados.

La creación de bandas paramilitares de fanáticos es otro común denominador. Mussolini creó los Camisas Negras, cientos de miles de jóvenes con los que entró en Roma y tomó el poder el 30 de octubre de 1922. Hitler organizó los Camisas Pardas, convertidas luego en genocidas tropas de asalto. Castro organizó en octubre de 1959 las Milicias Nacionales Revolucionarias, con camisa azul.

Luego, 22 años después, creó las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), y después las bandas paramilitares denominadas Brigadas de Respuesta Rápida, fascistas hasta el tuétano, sin uniforme para confundirse con ciudadanos comunes de a pie.

Estas bandas represivas son utilizadas por el PCC para acabar a golpes cualquier protesta pacífica. Tiran piedras a los opositores, echan asfalto a sus viviendas, hacen actos de repudio político, y queman en las calles la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Brigadas de jóvenes nazis quemaban libros no fascistas frente al Teatro de la Ópera de Berlín.

Fidel creó los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), nazis de pies a cabeza, con el agravante de que los del comandante intervienen aún más en la vida de la gente. Hay un comité en cada cuadra. Algo insólito. Una mitad de la población vigila a la otra mitad y ambas informan a la policía lo que hace cada cubano. Fueron los CDR los que hicieron las listas de los jóvenes enviados a la UMAP.

La historia me “glorificará”

Otra “coincidencia”. Hitler en noviembre de 1923 atacó con colegas fascistas el Ministerio de Defensa en Múnich, Baviera, para iniciar una rebelión nacional y tomar el poder. El ataque fracasó, Hitler huyó, se escondió, fue descubierto y enviado a prisión.

En el juicio, el líder nazi dijo al tribunal: “Aun cuando los jueces de este Estado puedan condenar nuestra acción, la Historia, diosa de la verdad y de la ley, habrá de sonreír cuando anule el veredicto de este juicio y me declare libre de culpas”.El Führer cumplió menos de año y medio de cárcel y allí escribió Mein Kampf, el programa político e ideológico del nazismo.

Fidel Castro asaltó el cuartel Moncada, fracasó, huyó, lo descubrieron y lo arrestaron. En el juicio dijo: “El silencio de hoy no importa. La historia definitivamente lo dirá todo”, según publicó la revista Bohemia el 27 de diciembre de 1953, en la sección “En Cuba”.

Después, ya preso, Fidel le dio un final más grandilocuente y lírico a su alegato y quedó impreso en un folleto como “Condenádme, la historia me absolverá”. Y así tituló el único programa político coherente que hizo en toda su vida, una combinación de nacionalismo con socialdemocracia, que escribió en los 22 meses que estuvo en el presidio de Isla de Pinos.

Otra “casualidad”. Desde 1933, la radio alemana transmitía los discursos de Hitler en los hogares, las fábricas e, incluso, en las calles de las ciudades a través de altavoces. ¿Y los discursos del comandante en jefe en Cuba?

Hay en estas analogías castrofascistas algo que podría de veras ser una casualidad, pero que llama la atención. Los colores de la bandera del Movimiento 26 de Julio fueron el rojo y el negro. Esos mismos fueron los colores escogidos por el Partido Nazi para su bandera con la terrible swástica.

Otro detalle curioso: a Fidel Castro le encantaba que le llamasen Jefe. Me consta que así lo llamaban los jerarcas del régimen. Dicho en alemán, Fidel era el Führer.

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