Protección para el personal sanitario

Estados Unidos, Nicaragua, protestas, crisis en EE.UU.

Más de 400 miembros del personal de salud, entre ellos médicos de distintas especialidades, se han contagiado del Covid-19 y por lo menos 34 ya fallecieron.

También se ha informado que debido a las bajas por enfermedad, renuncias por falta de protección a su trabajo y despidos por represalias políticas, los hospitales públicos están trabajando con un 10 a 15 por ciento menos de su personal regular.

La falta de equipos de protección para el personal sanitario —el cual incluye desde los médicos y las enfermeras especializadas hasta los camilleros, conductores de ambulancia y trabajadores de la limpieza—, es un problema de alcances dramáticos en Nicaragua.

Cierto que el problema es general. En todas partes del mundo el personal sanitario enfrenta una situación muy delicada, porque su trabajo los obliga a relacionarse de manera personal y directa con los enfermos. Por lo tanto son los más expuestos a la contaminación y no siempre cuentan con los equipos de protección personal necesarios y adecuados.

Ya a principios de abril pasado, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanon, expresó su preocupación por lo que llamó “tendencia alarmante” del contagio de coronavirus en el personal médico.

Advirtió que cuando el personal sanitario tiene y emplea adecuadamente los Equipos de Protección Individual (EPI), se puede prevenir el contagio. Por lo cual, dijo, “es muy importante que los trabajadores de la salud puedan acceder a las máscaras, guantes, batas y otros equipos que necesitan para hacer su trabajo de manera segura y efectiva.”

Ahora bien, la protección no debe de ser solo para quienes atienden directamente a los enfermos de Covid-19, sino para todo el personal de salud, porque la sola permanencia en los hospitales los hace más vulnerables al contagio.

Sin embargo, en Nicaragua el régimen no atiende esa recomendación de la OMS, como tampoco acata las recomendaciones de medidas para proteger a toda la población. Aquí, según denuncian los mismos médicos los equipos de protección personal escasamente se los proporcionan a quienes atienden directamente a los enfermos de Covid-19. Los demás tienen que comprarlos con sus propios recursos, pero solo algunos, porque la mayoría carece de capacidad económica para hacerlo.

El colmo de la irresponsabilidad e inhumanidad del régimen es que prohíbe al personal médico recibir equipos donados por organizaciones de la sociedad civil. Además, al menos la mitad de los recursos facilitados a Nicaragua por una institución financiera internacional, para combatir la pandemia, en vez de usarla para adquirir equipos de protección del personal sanitario el régimen los ha desviado para pagar a Cuba por un medicamento que no sirve para curar el coronavirus.

Los integrantes del personal de salud son todos ellos auténticos héroes del servicio humanitario que merecen el reconocimiento de la sociedad. Y el régimen cuando menos los debería de proveer de los equipos de protección personal que son necesarios, incluso para salvar las vidas de muchos de ellos.

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