Reagrupamiento en las filas de la oposición

Estados Unidos, Nicaragua, protestas, crisis en EE.UU.

Los partidarios de la dictadura han batido palmas porque el partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) decidió separarse de la mesa multisectorial sobre reformas electorales. Pero también los opositores a la dictadura que no ven válido ni viable el camino electoral, se han mostrado satisfechos con la decisión de CxL, pues creen que esto fortalece su posición alternativa a la de la Alianza Cívica, la Unidad Azul y Blanco y la Coalición Nacional.

En la oposición que apuesta a las elecciones para sacar a Daniel Ortega del poder y emprender el camino de la reconstrucción de la democracia, CxL es una pieza muy importante. Este partido no se unió a los movimientos y partidos políticos que el 25 de febrero pasado proclamaron su voluntad de impulsar la formación de una Coalición Nacional opositora, para enfrentar a Daniel Ortega y el FSLN en las próximas elecciones en el caso de que hubiera garantías suficientes para participar seriamente, no para hacer el juego a Ortega cuyo objetivo es perpetuarse en el poder. Pero aunque CxL no se uniera al trabajo común para impulsar la formación de la Coalición Nacional, tampoco lo repudió y dejó abierta la posibilidad de participar cuando lo considerase oportuno. De cualquier manera, CxL ya se había integrado, en enero pasado, en la mesa multisectorial para las reformas electorales.

Ahora, la separación de CxL de dicha mesa de trabajo y su llamado a los sectores que coincidan con sus posiciones, “a impulsar una iniciativa conjunta”, podría entenderse como que definitivamente este partido opositor que tiene personería jurídica y está habilitado legalmente para participar en las elecciones, no se integrará en la Coalición Nacional. Pero esto más bien hay que verlo como un reagrupamiento de la oposición y es seguro que habrá otros. El juego político está abierto y lejos de cerrarse, faltan varios meses para que se convoque a las elecciones de 2021 y no es realista asegurar que no habrá posibilidad de consolidar una amplia coalición electoral opositora, igual o parecida a la Unión Nacional Opositora (UNO) que en febrero de 1990 derrotó al Frente Sandinista y al mismo Daniel Ortega.

Tampoco es realista creer que en una gran alianza electoral se tenga que integrar a todos los grupos políticos, movimientos sociales y partidos opositores. La experiencia de la UNO en 1989-1990 ilustra sobre esto. Como ya lo hemos recordado en ocasiones anteriores, para las elecciones del 25 febrero de 1990 la dictadura de los comandantes sandinistas aplicó la estrategia de dividir a la oposición. Con ese fin ofreció y repartió casillas a los que quisieran, y por eso, además de la UNO participaron en las elecciones otros 8 partidos real o fingidamente opositores. Sin embargo, entre todos sumaron apenas 4.54 por ciento de los votos, mientras que la UNO obtuvo el 54.74 por ciento.

En realidad, es prácticamente imposible que todos los sectores y grupos de la oposición se unan alrededor de una sola papeleta y casilla de votación. La posibilidad de lograr la victoria sobre la dictadura depende de que la alianza o coalición electoral capture la imaginación de la mayoría de los electores democráticos, que les infunda esperanza y confianza en que el cambio es posible. Para eso lo que se requiere es no solo tener una gran capacidad de organización, sino también un liderazgo carismático que atraiga a los ciudadanos y los lleve a las urnas de votación. Como fue doña Violeta Barrios de Chamorro en la campaña para las históricas elecciones de febrero de 1990.

Posiblemente, si hubiera garantías suficientes para que la oposición auténtica participe en las elecciones de 2021, no se presenten tantas ofertas opositoras como en 1990. Pero en cualquier caso habrá una gran alianza electoral que atraiga el voto de la mayor parte de los ciudadanos democráticos.

Hasta entonces queda mucho camino por recorrer y más de una sorpresa política que conocer.

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