Sanciones asedian a la dictadura

La dictadura no cesa de violar los derechos humanos de los nicaragüenses. Mantiene suspendidas de hecho las garantías constitucionales, sigue acosando a los excarcelados políticos, templos y a todas las personas que reclaman la devolución de la libertad y la restauración de la democracia.

Pero al mismo tiempo Estados Unidos (EE. UU.) también incrementa el asedio a la dictadura. Así lo demuestran las recientes sanciones contra la Policía Orteguista y personalmente contra algunos de sus principales jefes violadores de derechos humanos; la resolución de la Cámara de Representantes pidiendo que se apliquen sanciones más drásticas a Ortega; y el informe del Departamento de Estado sobre la situación de Nicaragua, en el cual denuncia la represión despiadada del régimen orteguista contra el pueblo nicaragüense, desde los sucesos de abril de 2018.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, al presentar el 5 de marzo corriente las contundentes sanciones contra la Policía Orteguista, aseguró que “esta última medida confirma el compromiso irrenunciable de Estados Unidos de emplear todas las herramientas económicas y diplomáticas a su alcance para contribuir a que respondan por sus actos aquellos que tienen un papel en graves violaciones de derechos humanos e intentan silenciar a las voces democráticas en Nicaragua”.

Pero Pompeo también reiteró que las sanciones no son solo para castigar al régimen de Ortega, sino para persuadirlo de que debe permitir la solución democrática de la crisis sociopolítica de Nicaragua que él mismo ha causado. “Estados Unidos –señaló Pompeo– insta al régimen de Ortega a cesar la represión contra el pueblo nicaragüense, respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, y permitir que se den las condiciones que conduzcan a elecciones libres y justas, y al restablecimiento de la democracia en Nicaragua”.

La respuesta de Ortega ha sido hasta ahora torpe e insensata. Intensifica la represión, castiga a la empresa privada y hasta persigue a partidos políticos que están dentro del sistema legal de la dictadura. Y hace ridículas piruetas para tratar de escapar del efecto económico de las sanciones, como establecer relaciones con lejanos países tercermundistas de África y Asia, que por lo general son satrapías que oprimen y empobrecen a sus propios pueblos.

La obstinación de Daniel Ortega, de no devolver a los ciudadanos nicaragüenses sus libertades y derechos constitucionales, permite prever que el asedio de EE.UU. a la dictadura se fortalecerá todavía más, que las sanciones se extenderán a otras instituciones del Estado, incluyendo algunas que son más importantes y por eso mismo más vulnerables.

Ortega practica la política del Estado como una cuestión de guerra, en la cual se impone el que tiene más fuerza. Y al parecer se siente más fuerte que EE.UU. y cree que lo podrá derrotar en el campo de batalla. Los dioses ciegan a los que quieren perder, decían los antiguos sabios griegos y su sentencia casi siempre se cumplía.

Leer en La Prensa

Be the first to comment