Última opción en Venezuela

El sábado pasado el dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, le cobró al pueblo venezolano el precio sangriento de varias personas muertas y más de 280 heridas, para apuntarse una victoria política al impedir el ingreso al país de la ayuda humanitaria.

Pero fue también una gran derrota moral para Maduro, agravada porque sus policías quemaron algunos camiones cargados de alimentos y medicinas, lo que constituye un crimen de lesa humanidad, según califica la ley internacional la destrucción deliberada de ayuda humanitaria.

Evidentemente, la estrategia del presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, y de los países que lo respaldan, era persuadir a las Fuerzas Armadas para que permitieran la entrada de la ayuda humanitaria. Eso hubiera significado el reconocimiento de los militares a Guaidó y quitarle el respaldo a Maduro.

Sin embargo, la estrategia no funcionó y también quedó en evidencia que Estados Unidos no estaba dispuesto, o al menos todavía no está listo, para usar la opción militar contra Maduro. Pero después de los acontecimientos del 23 de febrero queda como la única vía para erradicar la dictadura y abrir el camino al retorno de la democracia en Venezuela.

El mismo presidente encargado Guaidó dijo que lo ocurrido el sábado lo obliga a “plantear a la comunidad internacional de manera formal que debemos tener abiertas todas las opciones para la lograr la liberación de esta patria que lucha y seguirá luchando”. A su vez, el influyente político y diplomático venezolano Diego Arria, exembajador de Venezuela ante la ONU y expresidente del Consejo de Seguridad, expresó en su cuenta de Twitter: “Hemos acatado todas las condiciones pacíficas y multilaterales que el mundo nos exige… Ahora el mundo tiene que cumplir con nosotros, y es aplicando la Fuerza”. Mientras que el secretario de Estado Mike Pompeo repitió ayer la frase del presidente Donald Trump, de que Maduro “tiene los días contados”.

En realidad, todo indica que solo queda la acción militar porque no ha sido posible quebrantar el apoyo de las fuerzas armadas a la dictadura. Lo más que se logró el sábado 23 fue la deserción de más de 120 oficiales, suboficiales y soldados, que se cruzaron a Colombia y se pusieron a la orden del presidente Guaidó. Seguir esperando que las Fuerzas Armadas de Venezuela dejen de respaldar a la dictadura sería perder el tiempo y prolongar el sufrimiento del pueblo venezolano.

Es cierto que algunos expertos aseguran que ya pasó el tiempo de la intervención militar extranjera en América Latina, sea como acción imperialista o para rescatar a un pueblo de las garras de un tirano. Pero si han regresado las dictaduras, aunque con nuevas formas y ahora no sean de derecha, sino de izquierda, del mismo modo podría o debería ocurrir de nuevo una acción armada internacional, sobre todo si es para liberar a un pueblo de una tiranía que ha erradicado la democracia y causado además una catástrofe humanitaria.

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