Una vergonzosa elección en la ONU

La Organización de Naciones Unidas (ONU) eligió el jueves de esta semana a Venezuela, como miembro de su Consejo de Derechos Humanos.

Esta elección ha causado indignación internacional, pues apenas cinco semanas atrás la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, presentó al Consejo su informe sobre las violaciones comprobadas de los derechos humanos en Venezuela. Por lo menos 57 ejecuciones extrajudiciales han ocurrido en Venezuela durante el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, según el informe de Bachelet, así como innumerables casos de “torturas, malos tratos tanto físicos como psíquicos a personas arbitrariamente privadas de su libertad, particularmente militares”.

Sin embargo, los representantes de 105 países miembros de la ONU escogieron a Venezuela como miembro de su Consejo de Derechos Humanos, en una elección en la que Costa Rica obtuvo solo 96 votos. La decisión es absurda, por lo menos, porque en Venezuela hay una dictadura criminal mientras que Costa Rica es un país modelo de respeto a los derechos de las personas. Por eso tiene allí su sede, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Además, esta insólita escogencia de Venezuela desconoce y viola el Reglamento Interno del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el cual establece que sus miembros deben promover y proteger los derechos humanos en sus propios países y en el extranjero.

Pero la verdad es que este hecho vergonzoso de la política internacional, ocurrido en la ONU, no debería sorprender a nadie. Independientemente de que la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos, actualmente a cargo de Michelle Bachelet, cumpla honrosamente sus funciones como evidentemente lo ha hecho en las situaciones críticas de Venezuela y Nicaragua, es un hecho que la mayor parte de los países miembros de las Naciones Unidas tienen regímenes dictatoriales o autoritarios, y por lo consiguiente violadores sistemáticos de los derechos humanos de sus pueblos.

La ONU fue creada en 1945 con el criterio de que todos los países miembros eran o serían respetuosos de los derechos humanos “y las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”. Así lo establece el numeral 3 del artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas.

Sin embargo, desde la fundación de la ONU se incumplió ese precepto pues participaron como fundadores países con regímenes violadores de los derechos humanos, como la Unión Soviética y demás Estados comunistas satélites. Después ingresaron prácticamente todos los países del mundo, pero en la mayoría de ellos no hay democracia y los derechos humanos son atropellados. En la actualidad son miembros de la ONU dictaduras horrorosas como las de Corea del Norte, Irán y Cuba, con iguales derechos que democracias ejemplares como las escandinavas.

Esto es como si en un barrio se juntaran en una misma asociación los vecinos honrados junto con los pandilleros, los ladrones y cualquier clase de otros maleantes.

De manera que no es para sorprenderse, aunque sí para indignarse, que la ONU haya elegido a la dictadura de Venezuela como miembro de su Consejo de Derechos Humanos.

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